domingo, 2 de mayo de 2010

Crónica casi rosa



A todas éstas, en mi afán de no perder el hilo conductor de las temporadas, he pasado por alto las situaciones personales que iban cambiando, en muchos de nosotros, y que también formaron parte de nuestra deportiva vida. Así pues, me van a permitir entrar en los aspectos meramente humanos de quienes dedicamos tanto tiempo a prepararnos para ser buenos practicantes de baloncesto y, al mismo tiempo, desarrollar nuestras facetas más desconocidas. 
En el año 70, Conchy Ramírez acabó sus estudios en Historia, formando parte de la II Promoción de Licenciados en esta especialidad, de la Universidad de La Laguna y, según acabó, comenzó su trayectoria como profesora, en la Academia Rodríguez Campos, en aquel entonces situada cerca de la Plaza de los Patos y ya desaparecida. Hoy continúa su excelente labor profesional en la actual Escuelas Pías.
El año 71 fue un año especial y lleno de acontecimientos. Ángeles Domínguez, Angelita para nosotros y una de las cuatro gloriosas componentes del campeonísimo Mª Auxiliadora, que se mantuvieron en activo unas cuantas temporadas más, se despidió de las canchas en la Fase Final celebrada en Cáceres. Se casaba con Carlos, aunque no se alejó del todo porque nos acompañó en muchos desplazamientos posteriores, junto con su marido. En la actualidad, goza de su jubilación anticipada como empleada de mucha categoría y muchísimos años, en Telefónica. También contrajeron matrimonio Ángeles y Jeromo y meses más tarde vino al mundo, Jerónimo II, Jeromín para toda la familia cestista, el primero de sus cuatro hijos. Ellos sí que no abandonaron el baloncesto. Todo lo contrario. Lo vivieron hasta dentro de casa, día y noche. Me los imagino atendiendo a sus críos y, al mismo tiempo, cambiando impresiones sobre "qué táctica sería la mejor para el partido del próximo sábado o si sería más conveniente empezar la defensa con una zona 1-3-1 o un marcaje individual…" Eso sí que era un gran amor al baloncesto.
De las que seguían estudiando, fue Charo la que obtuvo su título en Bellas Artes en este período y, como Conchy y Ángeles, que ya daba clases en el Colegio de la Asunción, desde 1966, también entró en la difícil y bonita tarea de la Enseñanza, en el Instituto Mixto de Bachillerato, de aquel entonces. Actualmente, después de casi cuarenta años en las aulas de Dibujo, disfruta de un retiro profesional adelantado, voluntario y bien ganado.
Mª Reyes y Pilar Juan, veteranas más jóvenes, continuaban con su exigente y larga carrera y hoy son dos competentes expertas de la Medicina: ginecóloga y neuróloga, respectivamente.
También en estos años creció la familia deportiva del OM en forma de nuevos fichajes con media naranja e hijos, incluidos. Son los casos de Marta, con Tino y sus hijas Martita y Patricia, en la temporada 70-71, y Mary Carmen, con Arturo y sus niños Juanjo y Natalia, en la 72-73. También desde la 70-71, con Andrea, llegó Jose, su esposo.
Ángeles, en sus embarazos, estuvo entrenando y jugando durante los tres o cuatro primeros meses. En un deporte de equipos, esto conllevaba un alto grado de riesgo, pero la afición y vocación que ella sentía eran tan desmedidas que no cejaba en su afán de cumplir con su papel de componente importante del conjunto. Hoy, cuando recordamos estas historias, reconoce que fue una osada y que tuvo una gran suerte al no haber tenido ninguna complicación. Está claro que el ímpetu y la inconsciencia juveniles nos hacen creer que podemos con todo…
En 1973, llegó el segundo de los Foronda García. En esta ocasión, una niña que, como su hermano con el del papá, perpetuó el nombre de su madre y contamos con una Angelita más.
La descendencia la completaron con José Domingo y Lucía, años más tarde.
En 1975, Mary Pily Hernández, nuestra gran capitana de siempre, fue la que dijo adiós al baloncesto para casarse con Jose, hermano de Marta, y dedicarse a su nueva vida, compaginándola con su trabajo de administrativa. Hoy, continúa con esas labores.

Las fotografías para esta ocasión, las he agrupado por sagas familiares. Las primeras corresponden a los Foronda García, donde se muestra a Ángeles en su segundo embarazo; la pareja con su pequeña en casa; algunas jugadoras del equipo brindando por la niña y los dos mayores, ya con uno y dos añitos, vestidos con el equipaje del OM. La segunda es la de Marta y Tino, apareciendo en una de ellas la mamá con la hija mayor y, en la otra, el papá junto a los recién casados, Angelita y Carlos. El tercer grupo es el de los Escuder Gutiérrez de Salamanca, con Mary Carmen y Arturo, y Juan José y Natalia, sus hijos mayores, cuando asistían a algunos de nuestros partidos. Por último, Mary Pily y Jose, en su época de novios y próximos a casarse.
Como pueden ver, vidas tan normales como las del resto de los humanos, pero con una particularidad: a todos nos unió siempre, y nos sigue uniendo, la gran pasión que sentimos por el baloncesto y por lo que éste significó para cada uno.
Aprovecho la fecha en la que cuelgo esta entrada, para felicitar a todas estas mamás y a las que lo fueron más tarde, deseándoles que este Día de la Madre, lo sea todos los días de sus vidas.

sábado, 24 de abril de 2010

¡Por primera vez!




Como adelanté en la entrada precedente, el Campeonato de España de la temporada 72-73, II Copa femenina del Generalísimo, se celebró en la provincia de Alicante y, más concretamente, en la ciudad de Alcoy, entre los días 11 y 13 de Mayo. Y para allá, fuimos.Un vuelo nos puso en Madrid y, desde la capital, otro nos llevó a Alicante, donde comimos la peor paella que he probado en mi vida. ¡Quién lo iba a suponer, en la región de los mejores arroces!. Después de tan mala experiencia gastronómica, una guagua de aquellos tiempos, poco preparada para largos recorridos, nos trasladó hasta Alcoy por una carretera que se nos hizo interminable, sobre todo, por las numerosas curvas que iban apareciendo a medida que ascendía y se acercaba a esta bonita ciudad interior del País Valenciano.Cuando, por fin, llegamos, nos esperaba un estupendo hotel que hizo que olvidáramos, de inmediato, la larga paliza vivida. Resultó muy acogedor y confortable, con agradables habitaciones y excelentes zonas comunes. Además, estaba enclavado en pleno centro de la ciudad, en uno de los extremos del Puente de María Cristina, y pudimos darnos buenos paseos para conocer los alrededores. La organización del Campeonato puso a nuestra disposición a una joven muy simpática y amable, que, a modo de las azafatas de eventos actuales, nos acompañó e informó de todo lo que tenía que ver con el éste.
El sistema de competición fue el de rondas eliminatorias y ocho los equipos participantes. Junto al nuestro, acudieron el C.R.E.F.F. de Madrid, el C.R.E.F.F. de Gerona, el Ignis Mataró, el Filomatic Picadero de Barcelona, el Celta de Vigo, el Tabacalera de La Coruña y el Águilas Schweppes de Bilbao. Nos estrenamos con un hueso durísimo de roer y que ya conocíamos de encuentros pasados: el C.R.E.F.F. madrileño, que nos ganó de 17 puntos, 59-42. La prensa especializada destacó la igualdad que hubo en todos los partidos de la primera vuelta y que, sólo cuando finalizaban, pudieron despegarse los vencedores. En la segunda jornada, nos tocó otro de los grandes, el Celta de Vigo, que con una combinación defensiva de 1 y caja, (una jugadora en defensa individual y las otras cuatro, en zona), se aseguró el anular a Charo, que fue la que más puntos convirtió en el del día anterior, y, así, vencernos por 60-38. Llegó el último y ¡por primera vez, con la camiseta del OM, ganamos!. Fue con el Águilas de Bilbao, en una cancha descubierta que había por fuera del Pabellón donde jugamos los demás encuentros y a las 8’30 de la mañana. El resultado fue de 46 a 31 y esos 15 puntos de diferencia nos supieron a gloria divina. Por lo menos, no nos quedamos con el farolillo rojo y ocupamos el séptimo puesto.
La final se disputó entre los dos conjuntos catalanes y se alzó con ella el Filomatic Picadero, que la ganó al Ignis Mataró por 46-39. Nuestro equipo fue distinguido, una vez más, con el Trofeo a la Corrección y la Deportividad. He leído en más de una de las viejas reseñas de que dispongo, que en las distintas fases finales en las que se nos concedió este premio, sorprendía que, al acabar cada partido que jugábamos, nos uniéramos para formar una piña y corear el nombre del equipo rival. Hoy, con mucha probabilidad y tristemente, este gesto resultaría insólito e, incluso, algunas hinchadas lo reprobarían. La competición deportiva, a determinados niveles, se ha convertido en un negocio y a muchos jugadores, por desgracia, se les inculca excesiva agresividad y aquello de “al enemigo, ni agua…”.
Para terminar esta crónica del pasado, dejar constancia de que la máxima encestadora de este campeonato fue, de nuevo, nuestra compañera Charo, que vivió una curiosa anécdota, a raíz de esta circunstancia. El trofeo con el que se la distinguió fue un modesto reloj de pulsera y los organizadores se deshacían en disculpas por ello. Decían no haber previsto que la ganadora pudiera ser una canaria y que ese premio, para nosotras, no sería de mucho valor. Para quienes se pregunten el por qué de este disgusto de la Federación alicantina, les diré que Canarias, por aquellos años, era puerto franco por su privilegiada situación intercontinental, mientras que el territorio peninsular no gozaba de esta condición. Esto significaba que las mercancías importadas, en general, y los artículos de lujo, en particular, (y un reloj, en la Península, lo era), estaban libres de impuestos, por lo que los habitantes de estas islas teníamos la posibilidad de comprar productos de calidad por precios muy asequibles.
Las imágenes de hoy muestran a todo el grupo, antes del partido con el Águilas; la presentación del encuentro con el C.R.E.F.F. madrileño; un momento de juego, en el encuentro con el conjunto vasco, y a nuestra capitana con el trofeo conseguido. También, la tarjeta de identificación del campeonato y que, muchas, aún guardamos como recuerdo.

jueves, 15 de abril de 2010

Nuevas entrenadoras



La temporada 1972-73 se inició con el aliciente y la novedad de que se celebrara el X Curso Provincial y VI Regional para obtener el título de Preparador de Baloncesto, en alguna de esas categorías. Para el segundo de ellos, se inscribieron tres de nuestras compañeras y durante dos semanas del final del verano, los cuarenta y cinco alumnos admitidos en ambas modalidades, acudieron a las sesiones teóricas y prácticas que se impartieron en dos sedes: Santa Cruz y La Orotava. La dirección de los cursos corrió a cargo del que, por cuatro años, fuera entrenador del Barcelona de entonces, D. Javier Añúa. Como ayudante para las clases prácticas, contó con un destacado alero de ese mismo equipo, el internacional José Mª Soler.
De los veinticinco aspirantes a obtener el título regional, veintitrés superaron las pruebas fijadas para ello y lo más llamativo e interesante fue que el número uno lo consiguió, de manera brillante, nuestra compañera Ángeles García. En el quinto puesto, quedó Conchy Ramírez y en el octavo, Charo Borges. Las tres, además de quedar muy bien situadas, fueron las únicas participantes femeninas que aprobaron de las cinco presentadas y demostraron estar sobradamente preparadas para desarrollar el papel de entrenadoras. Todas tenían ya el de categoría provincial, conseguido dos años antes, de la mano de D. Antonio Díaz-Miguel (q.e.p.d.), extraordinario Seleccionador nacional masculino, durante veinte años. Sin embargo, ninguna encauzó su vida profesional por esos derroteros, a pesar de hacerlo por los de la enseñanza de otros conocimientos. La prensa local destacó de aquella convocatoria, el dato curioso y poco frecuente, por entonces, de que los números uno de los dos cursos fueran ocupados por jóvenes deportistas: Ángeles por el Regional y Cándida Rosa García, de La Orotava, por el Provincial.
En el apartado colectivo, el plantel de jugadoras del OM, desde la temporada anterior, contó con la inclusión de Elena Agulló, que procedía de los equipos de La Pureza y con la baja de Mary Carmen Brito, por motivos de estudio. En la que hoy rememoro, también hubo novedades. Jeromo fichó a Antonia Gimeno, que procedía del Filomatic Picadero de Barcelona y, mediada la Liga, contó también con Mary Carmen Gutiérrez de Salamanca, antigua jugadora del Asunción y del Náutico, conjuntos de la liga escolar de los últimos años 60. Como bajas voluntarias, tuvimos las de Pilar Juan y Andrea Rivero. En el cargo de Edita Núñez, la Delegada, que estuvo con nosotras cuatro años, también tuvimos cambio de personas. Primero fue D. Kenan Ramírez (q.e.p.d.), padre de Conchy, y cuando viajamos a la Península, le sustituiría Agustín Yanes Segurola, que permaneció en ese puesto hasta la última temporada del OM.
Al igual que en la campaña anterior, las dificultades para disponer de una cancha donde entrenar y celebrar los partidos oficiales, se agudizaron. Sólo teníamos contacto con el balón a través de partidos amistosos que celebrábamos, entre semana, en las pistas de quienes nos pedían que jugáramos con ellos. A pesar de esa situación adversa, nos vimos participando en la I Copa Apertura femenina y ganándola, más por veteranía, mayor altura y técnica individual y de conjunto, que por calidad de juego.
También en esta ocasión, recién empezada la Liga, se pudo resolver esta contrariedad gracias a las monjas del Hogar Escuela, cuna del gran campeón Mª Auxiliadora, recordado en el post Las campeonas. Una vez más, accedieron a que nuestra sede deportiva fuera su cancha de baloncesto y, aunque no contáramos con vestuarios y duchas, fue una tranquilidad para el equipo disponer de aquella instalación.
Revalidamos el Campeonato Provincial, perdiendo un solo partido y, de nuevo, con el Hércules de Icod, en su cancha. El tanteo fue muy pobre, 38-35, dejando patente que podía haber ganado cualquiera. El Regional, también volvimos a conseguirlo después de vencer a la U.D.Las Palmas. En su cancha Rodríguez Monroy, lo hicimos por 29-46 y aquí, jugado en la cancha cubierta del Real Club Náutico, el resultado fue de 82-39.
Este último partido nos sirvió para que todas nosotras le hiciéramos un pequeño homenaje de agradecimiento a Jeromo, nuestro entrenador. Para ello, le regalamos una réplica del cañón Tigre, símbolo emblemático de la defensa de nuestra capital, Santa Cruz, ante los ataques de las naves del Almirante inglés Horatio Nelson, quien, a finales del siglo XVIII, intentó invadir la isla, desde el mar, en tres ocasiones.
Las fotos de esta entrada corresponden a tres momentos de la temporada. Una, con los integrantes del equipo acompañados de D. Joaquín Aranguren, Director Gerente de la firma concesionaria de OM, y de familiares y amigos, en la cancha de la U.D. Las Palmas; otra, que recoge la concentración del banquillo en un partido jugado en La Orotava y, la última, el instante en que nuestra “capi”, Mary Pily, le entrega al entrenador la miniatura del cañón Tigre, durante el descanso del encuentro con la U.D. Las Palmas, celebrado en el Club Náutico de Tenerife.
En esta ocasión, el Campeonato de España tuvo lugar en Alicante y lo que allí ocurrió, se los contaré en el próximo relato.

miércoles, 7 de abril de 2010

Los árbitros

Antes de continuar con la cronología de la competición, es de justicia dedicar un post a quienes formaron parte indispensable e imprescindible de ella: los árbitros. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define a un árbitro como “persona que en algunas competiciones deportivas cuida de la aplicación del Reglamento” y también como “persona cuyo criterio se considera autoridad”. Para nosotros, los deportistas, supongo que esta figura básica para el buen transcurso del juego, viene a ser una conjunción de estas dos acepciones. Es decir: “Persona que en algunas competiciones deportivas cuida de la aplicación del Reglamento y cuyo criterio se considera autoridad”.
Leyendo estas definiciones, recuerdo con mucho gusto que, en mi etapa de intensa práctica, el respeto a los árbitros, por parte de todos y cada uno de nosotros, siempre fue absoluto. No guardo en mi memoria haber presenciado ni protagonizado ningún mal gesto y, mucho menos, haber oído palabras o frases ofensivas hacia ellos. Incluso, estando en desacuerdo en más de una ocasión, con determinadas faltas o decisiones, siempre fuimos muy disciplinados y respetuosos con aquello que se nos señalaba. Pocas veces, achacamos la dificultad de sacar un partido complicado adelante, a una mala actuación arbitral y pocas veces, también, los señores de gris no demostraron su sabiduría y dominio de las reglas del juego. Siempre he considerado que un árbitro, por encima de todo, tiene que ser alguien muy neutral y equilibrado y así lo percibí en el 95% de los que intervinieron en los muchísimos encuentros que disputamos.
A lo largo de tantos años de competición en estas tierras, muchos fueron los que arbitraron nuestros partidos y me acuerdo, con frecuencia, del buen hacer y la categoría de los más veteranos, encabezados por D. Miguel Díez-Alegre. Junto a él, Víctor y Fernando Rojas, Alejandro Puerta, José Ramón Molina, Miguel Gómez, Evelio García, Clemente Carmona, Quintana, Antonio Guadalupe, Domingo Sola, Emilio Villaverde… Discípulas aventajados de la calidad de los maestros fueron los más jóvenes como, por ejemplo, José Manuel Abreu, Manuel Hernández Bermudo, Ángel Recuenco, Armas, Valentín Santana, Pedro Sáinz, Jesús Arencibia o Pedro Hernández Cabrera. Muchos de ellos, además, fueron árbitros internacionales con un prestigio muy celebrado allá donde pitaran: competiciones europeas, mundiales u Olimpiadas. Pido disculpas, también, por no poder recordar los nombres de todos los que, a lo largo de casi veinte años de dedicación deportiva, arbitraron los muchísimos partidos en los que intervine. Vaya, pues, desde aquí, mi homenaje, admiración y respeto hacia todos, porque estoy convencida, desde siempre, que la labor más ingrata, menos reconocida y más difícil de ejecutar, en el ámbito deportivo, es la que le toca a los árbitros. 

Para terminar, una anécdota simpática que se dio entre nuestra capitana, Mary Pily Hernández, y uno de los más avezados, el Sr. Molina. Jugábamos un partido de la Liga provincial y una jugadora rival efectuó un tiro de los que actualmente están valorados con tres puntos, en una zona cercana a Mary Pily. Ésta, que no esperaba que lo hiciera desde tan larga distancia, dio un paso adelante a la desesperada y se acompañó de una ligera exclamación de sorpresa e impotencia, apenas audible por los demás. Pero, el árbitro, que se encontraba muy cerca de las dos, le pitó una técnica a nuestra capitana alegando que hubo intento de intimidación por parte de mi compañera. Mary Pily, que es un alma de Dios y muy correcta, no daba crédito a lo que le señalaba el Sr. Molina y no pudo convencerle de que, en absoluto, esa fuera su intención.
Las fotografías, como es lógico, muestran a muchos de aquellos importantes protagonistas de las competiciones. Las figuras de muchos de ellos se han escaneado y recortado de imágenes que recogen momentos de juego, por lo que aparecen en plena faena y con las posturas propias de su trabajo.

domingo, 28 de marzo de 2010

Retorno a la competición


Una vez cerrado el paréntesis dedicado a nuestra internacional y sus avatares, recupero el relato de las competiciones en las que seguíamos inmersas. 
En la temporada 1971-72, el mayor obstáculo al que hubo de hacer frente el OM, durante las primeras semanas, fue la falta de una cancha a la que poder acudir a diario para efectuar los entrenamientos y celebrar los partidos oficiales. Anduvimos de prestado durante un buen tiempo y eso hizo que, en ocasiones, las cosas no salieran como se esperaba de un conjunto campeón. A pesar de ello, la historia volvió a repetirse y ganamos la Fase Provincial, después de haber vencido en catorce, de los quince partidos disputados. Por primera vez, se perdía un encuentro y fue con el Hércules de Icod, en la cancha de éste y contra todo pronóstico. Como en la temporada anterior los conjuntos rivales fueron el citado Hércules Mas, Náutico, Medina de Santa Cruz, San Agustín de Los Realejos y Universidad Canarias Pepsi, no participando el Pureza Kaiser y el Medina de Icod. En la Fase Regional, se enfrentaron al Teresianas de Las Palmas, que fue el líder de la Liga hermana, y le ganamos los dos partidos celebrados por un resultado global de 150 a 62 puntos.
El gran aliciente de la 71-72 era la celebración, en Santa Cruz, del Campeonato de España Femenino, que se había interrumpido desde 1962 por razones económicas y que, para reconocer la buena labor y los buenos resultados que se estaban dando en Canarias con equipos como el Náutico masculino, el Mª Auxiliadora y el propio OM, se decidió reiniciarlo en nuestra capital. Las ayudas ofrecidas por los organismos oficiales, las empresas locales y la Sección Femenina, hicieron posible la puesta en marcha de este gran evento. Para darle más énfasis a su recuperación, la Federación Española le añadió, además, el subtítulo de I Copa del Generalísimo y se convirtió en el acontecimiento deportivo de aquel entonces. Era la primera vez que tenía lugar, en el Archipiélago, una competición de este nivel, en este deporte. Participaron los tres equipos mejor clasificados en la Fase Nacional, que fueron el C.R.E.F.F. de Madrid, el Picadero de Barcelona y el Tabaquero de La Coruña, además del OM, como campeón regional canario. Las Fiestas de Mayo de la ciudad fue la época elegida y la sede para celebrar los encuentros, las instalaciones del Real Club Náutico de Tenerife.
La jornada de semifinales tuvo lugar el 30 de Abril y el OM se enfrentó al Picadero, quien ganó por 66-47, después de un primer tiempo muy igualado y que no pudo mantenerse, debido a la mayor calidad y preparación física de las catalanas, que venían como subcampeonas de la Fase Nacional. El otro enfrentamiento se dirimió a favor del C.R.E.F.F., que venció por 45-41 a las gallegas del Tabaquero. El día 1 de Mayo, fueron el equipo madrileño y el catalán los que disputaron la final y después de un igualadísimo y emocionante encuentro, el C.R.E.F.F. se alzó con la victoria por un solo punto de diferencia, 45 a 44, dándole derecho a participar en la Recopa europea, en representación de España. El OM jugó con el Tabaquero por el 3º y 4º puesto y perdió por 36 a 57, lo que hizo que, una vez más, ocupara el farolillo rojo de la competición y quedara en evidencia la falta de una liga canaria fuerte e igualada, que fogueara y curtiera, de un modo más contundente, al equipo ganador.

En el plano individual, dos de nuestras jugadoras quedaron máximas encestadoras del torneo: Charo, con 43 puntos y Ángeles, con 30, en el total de los dos encuentros. El balance final de esta experiencia al más alto nivel deportivo fue de un éxito total. En los cuatro partidos, la asistencia de público entusiasta y entendido fue masiva y este hecho, en categoría femenina de cualquier especialidad, es lo mejor que puede ocurrirle a quienes lo practican. Se convierte en una emoción poco fácil de describir y estoy segura de que es lo que mejor recordamos todas las que allí lo vivimos.

Para completar esta temporada tan especial, contarles que nuestra compañera Charo fue designada por la Federación Provincial Mejor Deportista de Baloncesto de las Temporadas 70-71 y 71-72 y que, en esta última, la Junta Provincial de Educación Física y Deportes, la proclamó, además, Mejor Deportista Provincial. Esta distinción para una mujer que hacía deporte federado, era la primera vez que se daba y, a partir de entonces, se ha mantenido hasta hoy. En las ediciones anteriores, sólo se había designado a una figura masculina, lo cual hace más valioso el significado de la elección de Charo Borges. Junto a ella, como mejor deportista entre los varones, resultó elegido Ángel Luis Arbelo, joven y brillante tenista que iniciaba triunfos internacionales, por aquellas fechas. Decía nuestra compañera, que todos aquellos dislates relatados en la
entrada anterior, se vieron ampliamente compensados con el nombramiento recibido en su tierra y del que siempre se sentirá muy orgullosa y agradecida.

Una de las imágenes que ilustran este post, muestra el momento de la presentación del partido OM-Picadero, apreciándose la gran cantidad de público asistente. Las otras dos recogen la felicidad de la deportista, al ser nombrada la mejor de su provincia.

jueves, 18 de marzo de 2010

Los otros despropósitos

Como ya les avancé, estuve muy cerca de la compañera que, por primera vez en Canarias, alcanzó el entorchado de internacional al ser llamada para formar parte de la Selección Nacional de baloncesto femenino. Recuerdo lo desconcertada y entristecida que se encontraba cuando le dieron la noticia, porque creía que no tenía que ser ella la destacada sino su buena compañera Ángeles García. No en balde, cinco años antes, Ángeles había sido campeona de España de la 2ª División, con el legendario Mª Auxiliadora, y en varias fases finales, máxima encestadora de los torneos. Hoy me cuenta ella misma que, junto a Conchy Ramírez, apareció en algunas listas de preseleccionadas anteriores, pero que nunca cuajaron esas inclusiones. Charo parecía un alma en pena, lamentando continuamente el olvido que, según ella, sufría su excelente compañera. Lo único que la consolaba era pensar que, quizá, lo que hizo que el Sr. Lluis Cortés se fijara en ella, fueran su salto en suspensión y su fuerza física, más potente que la de Ángeles. Solía decir con insistencia que, para ella, supuso “una inesperada experiencia”, de las que no se olvidan jamás. Por lo sufrida y trabajada y por lo hermosa y enriquecedora. Una de esas vivencias inolvidables que pocos deportistas llegan a disfrutar. Como es natural, su nombre apareció publicado en todos los medios deportivos del país, dentro de la relación de jugadoras seleccionadas, pero, sobre todo, por el insólito y exótico hecho de proceder de unas islas, apenas recordadas en aquellos tiempos por su lejanía e incomunicación. Sólo había un vuelo diario hasta la capital de este país, con la única línea aérea de entonces.
Cuenta mi compañera que, en el acto de recepción que les hizo la Española en el lujoso Salón de convenciones del hotel en que residieron, el entonces presidente, D. Anselmo López (fallecido recientemente) les dirigió unas palabras para advertirles, de manera tajante, que si no se ganaba a Australia, no se participaría en ninguna competición oficial de las existentes en el calendario internacional de la siguiente temporada. Recuerda cómo, aquella amenaza, indignó, en especial, a las jugadoras del C.R.E.F.F., más veteranas y avezadas en temas e historias de selecciones pasadas. Comentaban con qué desfachatez y cinismo, se pretendía que doce jugadoras procedentes de diversos equipos y rincones de España, después de finalizada la temporada oficial, consiguieran, con sólo unos pocos días de convivencia y trabajo en común, formar un conjunto sólido y compenetrado, que venciera a otro que venía mucho más rodado y preparado y con sus componentes conviviendo y entrenando juntas, más de mes y medio. Pero, antes de presenciar y vivir en sus carnes todo lo anterior, ya comenzaron aquí, en su tierra, los primeros despropósitos.
Charo, en esas fechas, terminaba el último año de sus estudios y cuando comunicó a sus profesores que había sido seleccionada y tenía que desplazarse a la Península para estar en Madrid ocho días, la condición para dejarla marchar fue la de que tenía que dejar presentados, antes de irse, todos los trabajos de fin de carrera, uno por cada materia. Si no lo hacía, el aprobado final corría peligro. Por lo visto, toda su trayectoria anterior no servía de nada ante una situación extraordinaria y puntual. Nunca faltó a clase en los cinco cursos de su especialidad y siempre llegaba puntualmente. Estaba becada y, para seguir estudiando, necesitaba mantener una beca para la que le exigían aprobar cada curso en Junio y tener una nota media de notable, cosa que siempre consiguió. Regresaba de su corta estancia peninsular el 3 de Junio, sólo había diez alumnos en ese último curso y los profesores no tenían que dar las calificaciones definitivas, antes de la penúltima semana de ese mes. Está claro que nadie le facilitó la ida y que sólo pretendieron ponerle obstáculos. Ella recuerda, con cierta amargura, que ni uno solo de sus profesores la felicitó por aquella distinción.
Para seguir con más detalles disparatados, contarles que cada jugadora seleccionada recibió, de manos de Begoña, la Delegada, un sobre que contenía 800 ptas. como dieta por su estancia en Madrid, 100 por día. Los varones de la Selección masculina absoluta de la misma temporada recibieron 1.200 ptas. ¡¡por día!!, cada uno. Cierto es, que la Delegada de las chicas, cuando salían juntas a dar una vuelta por los alrededores del hotel, no las dejaba pagar los cafés, refrescos o chucherías que consumieran. Una noche, después del entrenamiento, fueron invitadas, por la Federación, a ver una obra de teatro, “Pato a la naranja”, una divertida comedia inglesa protagonizada, en aquella ocasión, por Arturo Fernández y Rosa Valenti. Seguro que con los chicos ocurrió lo mismo, a pesar de la ostentosa diferencia de sus dietas. Una vez más, ¡viva la discriminación por género!. Actualmente, las dietas están más equiparadas, pero esa discriminación, tristemente, sigue dándose.
Para acabar con esta serie de despropósitos que vivió nuestra compañera, una última perla: el 26 de Marzo de 1974, recibió una carta de la Federación Española de Baloncesto comunicándole que había sido preseleccionada, junto a veintiuna jugadoras más. De ellas, se escogerían dieciséis que se iban a concentrar en La Coruña, desde el 10 hasta el 24 de Abril para elegir a las doce componentes definitivas. Éstas últimas, disputarían el Preeuropeo de aquel entonces, que iba a tener lugar en la mencionada ciudad entre el citado 27 y el 1 de Mayo. En esa temporada, el equipo de Charo, el OM, por primera vez no quedó Campeón de Canarias y, por lo tanto, no participó en la Fase Final de la categoría, que se celebró del 4 al 7 de Abril, en Madrid. El 6 de Abril, recibió un telegrama de la misma Federación que la convocó en un principio, en el que se le decía que no estaba incluida en la preselección y que no se presentara en la capital del país. Esa decisión tan arbitraria fue tomada sin haberla visto jugar y sin informarse sobre cuál era su estado de forma. Se pueden imaginar el disgusto y la decepción de nuestra baloncestista, ante tamaña injusticia.
Estas historias de la compañera, probablemente, las vivieron otras mujeres deportistas de la época y, sin duda, son muestras del desprecio y poco respeto que entonces había hacia ellas. Sin embargo, lejos de desanimarse, continuaron en la brecha y en la lucha y fueron, probablemente también, el embrión y la referencia para las que, más tarde, tomaron el relevo en condiciones mejoradas y con una mayor consideración hacia su papel de mujeres dedicadas seriamente a la práctica de algún deporte.
Las imágenes de hoy muestran otro momento de la Selección, con Charo en el séptimo lugar, de delante hacia atrás; uno de sus tiros en suspensión, durante un encuentro celebrado en Santa Cruz, y el viejo sobre que contuvo las 800 ptas. de dietas y que ella conserva como una singular anécdota.

lunes, 8 de marzo de 2010

La Selección

Vayamos por partes. La primera, estrictamente oficial, la que recogen las hemerotecas y los amarillentos recortes de periódico de mi compañera. La segunda, la meramente humana, la desconocida, la que para mí, al menos, resulta más interesante porque no tiene desperdicio. Esta última, la dejaremos para un próximo relato.
Por primera vez en este Archipiélago, una jugadora canaria fue llamada para formar parte de una Selección Nacional Absoluta. En este caso, de baloncesto. Desde que se supo la noticia, se mostró muy sorprendida, porque jamás pensó que nadie se fijara en ella para tan alto honor. De hecho, creo que ninguna de nosotras sabía que, en el torneo de la Fase Final de Cáceres, estuviera presente el Seleccionador nacional, José Lluis Cortés. Lo supimos más tarde. Precisamente, cuando se dio la lista de jugadoras elegidas y, entre ellas, estaba Mª del Rosario Borges Velázquez. Charo, para familiares, amigos y compañeros.
En esa relación, además de ella, aparecían Amparo Couchoud, Esperanza Bernáldez, Pepa Senante y Coro Domínguez, por el equipo campeón, el C.R.E.F.F. de Madrid; Carmen Famadas, Joaquina Cot y Olga Martínez, por el Ignis Mataró de Badalona; Piedad Parrondo, por el Medina de Madrid; Mary Carmen Martínez, por el Celta de Vigo; Neus Bartrán, por el Picadero de Barcelona y Francisca Rotger, por el Medina de Baleares.
Fueron convocadas por la Federación Española de Baloncesto, en el Hotel Colón, de Madrid, para concentrarse sólo ocho días antes de celebrar su primer encuentro, un partido amistoso con la Selección Nacional de Australia, que pasaba por la capital del reino, de regreso a su país, después de haber participado en el Campeonato Mundial de aquel año de 1971. De un total de trece selecciones, fueron octavas en la clasificación final y llevaban juntas, entre los preparativos del torneo y su celebración, más de treinta días. Las nuestras estaban inactivas desde primeros de Mayo, ya que las competiciones de esa temporada habían finalizado.
El partido se celebró el 2 de Junio de ese año, a las 5 de la tarde, en la cancha de baloncesto del Club Natación Canoe, de Madrid, y fue televisado para toda la península, con la duda de si lo sería también para Canarias, hecho que hasta última hora, no se decidió. Al final, sólo se nos retransmitió la segunda parte.
Con este panorama tan desequilibrado ocurrió lo más lógico: se perdió por 21 puntos de diferencia, 32 a 51. Las españolas sólo aguantaron el primer tiempo, quedando en el descanso sólo a 7 de las australianas. El exceso de entrenamientos, tres horas por la mañana y dos por la tarde durante ocho días seguidos, hizo estragos en todas las jugadoras y en la segunda parte hubo debacle total. Además, nuestra internacional paisana tuvo la mala suerte de sufrir una pequeña luxación en el tobillo externo de su pie izquierdo, en una de las sesiones de trabajo y, aún así, hubo de jugar durante bastantes minutos.
Si a ese inconveniente se añadía el rodaje del conjunto visitante, su mayor altura (una media de 1’75 m. frente al 1’60 de las nuestras) y la presión de saber que el partido se televisaba, lo que allí sucedió era de esperar.
En diez días de campeonato mundial, las australianas habían jugado más partidos internacionales que las españolas en toda su trayectoria, iniciada en el año 1963. En esos ocho años, sólo se habían celebrado ¡¡ocho encuentros!!. La única jugadora de las nuestras que había disputado todos esos partidos era Pepa Senante, excelente base de tan sólo 1´59 m. de altura. Amparo Couchoud, Esperanza Bernáldez, Chata Parrondo, Carmen Famadas y Neus Bartrán, lo habían hecho en cinco y las seis restantes seleccionadas lo eran por primera vez. Entre ellas, Charo.
La prensa especializada que cubrió los avatares diarios de aquel sufrido grupo de baloncestistas coincide en la gran entrega y coraje de todas, pero también en lo injusto de exigirles, desde la Federación Nacional, una victoria, en aquellas condiciones, como requisito para acudir a otros compromisos oficiales, resaltando, además, lo desatendido que estaba el deporte femenino de aquellos años para poder afrontar, dignamente, cualquier competición. La más inmediata era el Preeuropeo de 1972 y, como se había advertido, no se acudió por no haberle ganado a Australia. Hasta 1974, no se convocó otra Selección, la que participaría en el Preeuropeo de aquel año y que tuvo lugar en La Coruña.
Si todo lo que aquí les he contado, les parece un dislate y un despropósito difíciles de superar, esperen a la próxima entrada. Verán cómo se puede rizar el rizo bastante más. Menos mal que los tiempos han cambiado y, en esto del deporte, para bien. Afortunadamente.
En la fotografía de la Selección, aparecen, en la fila de arriba y de izquierda a derecha: el entrenador, José Lluis Cortés, Piedad Parrondo, Esperanza Bernáldez, Coro Domínguez, Francisca Rotger, Joaquina Cot, Amparo Couchoud y Begoña, representante de la Sección Femenina y Delegada de la Selección. En la de abajo y en el mismo sentido, Charo Borges, Neus Bartrán, Pepa Senante, Mary Carmen Martínez, Carmen Famadas y Olga Martínez.
Es ésta la segunda foto a color que acompaña a una de mis entradas y no serán las únicas. También en esto de las fotografías, el cambio de los tiempos ha servido para mejorarlas.