Mostrando entradas con la etiqueta Memorias de una vieja gloria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Memorias de una vieja gloria. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de enero de 2011

Mi última segunda vuelta

El tramo final de mi largo recorrido por y con el baloncesto se estrenó con una nueva lesión y, curiosamente, cuando teníamos el segundo encuentro con el Flavia de Palma de Mallorca, pero, en esta ocasión, visitándolas. Tuve la oportunidad de conocer, aunque sólo fuera durante unas pocas horas, el otro archipiélago español y no pude hacerlo por un lance aciago en el último partido de la primera ronda, el celebrado en Vigo frente al Celta. Llegué a pensar que el recién ascendido era un auténtico gafe para mí. Bastantes años más tarde, tuve la oportunidad de vivir unos meses en la capital balear y vi compensado, con creces, el deseo de visitar y patear las otras islas.
Pero, volvamos a lo ocurrido en la ciudad gallega de Vigo. Allí celebramos el último encuentro de los once primeros y, a los pocos minutos de incorporarme al juego, una junior, - “de cuyo nombre no puedo acordarme” -, de 1´80 m. de altura y 80 kilos de peso, cruzó la zona, tropezó en otra jugadora y vino a caer, cuán larga y pesada era, sobre mi pierna derecha y lateralmente. Recuerdo un dolor intenso en la articulación de la rodilla, pero en cuanto me rehice, seguí en la brega. A los pocos segundos, la que se desmoronaba sin motivo aparente era yo. Sentí que la pierna iba en una dirección y el muslo en otra, al intentar apoyarme en esa extremidad inferior. El preparador físico de las “celtiñas” me asistió, pensando que todo era producto de un calambre. En cuanto estuve dispuesta, Antonia pidió un nuevo cambio para que volviera a la cancha y nada más ponerme en pie, desde el banquillo, volví a caer redonda. Quedó claro que la lesión revestía mayor importancia que la de un calambre común y corriente en los deportistas. Obviamente, no volví a jugar en lo que quedaba de partido.
Lo peor vino más tarde, cuando regresamos de Vigo hasta el Aeropuerto de Pontevedra por carretera y en un microbús que no perdonaba ni uno solo de los baches y agujeros que cubrían aquella maltrecha vía. Todo iba a parar a mi rodilla y la casi totalidad del recorrido la hice con el pie separado del piso del vehículo. Así, en aquella postura tan incómoda, evité, en cierta medida, el traqueteo insoportable del vehículo y su repercusión en mi dolorida “bisagra”.
Una vez en Santa Cruz, acudí al traumatólogo de la Mutualidad deportiva del momento, que era D. Roberto Rojas Rodríguez (q.e.p.d.). En cuanto oyó mi relato y manipuló la extremidad, supo mi diagnóstico: distensión del ligamento lateral derecho de la rodilla que soportó el impacto. Me dijo que ésta era la lesión más grave de todas las que había tenido hasta la fecha, en mis casi veinte años de correr, defender y saltar. Que de haberse dado la rotura, no me hubiera librado de una intervención y de seis meses de inmovilidad en cama y, como consecuencia inmediata, la más triste de las retiradas. Siempre que me acuerdo, doy gracias a la forma física que conseguí con los ejercicios que Antonia y Pedro López, nuestro preparador, nos marcaban para fortalecernos lo más posible. En quince días, con lo que D. Roberto me indicó, pude recuperarme y, poco a poco, volver al trabajo diario y a la competición.
Antes de continuar, querría hacer una observación en torno a estas lesiones propias del juego y los entrenamientos y a las que estábamos, y están expuestos, los deportistas de todas las épocas. Para los lectores más jóvenes, decirles que las figuras del médico deportivo y del fisioterapeuta no existían aún. Son especialidades modernas, de apenas veinte años de vida profesional, lo que lleva a concluir que los lesionados de antes sólo contábamos con radiografías pedidas por un traumatólogo, su diagnóstico y su prescripción, que consistía en descansar, tomar analgésicos y antinflamatorios y algún ejercicio suave que hacíamos nosotros mismos, con el fin de no perder el tono muscular del entorno de la articulación dañada y protegerla lo más posible. Los que no cumplieron con estos requisitos, probablemente hoy estén pagando, a un precio muy caro, las consecuencias de no haber seguido las indicaciones del especialista.
De esta guisa, pues, me vi en las dos primeras semanas de la segunda ronda y para el segundo encuentro, en el que nos visitó el Picadero, además de mi baja, Antonia tampoco pudo contar con Marichu ni Conchy Marrero. A partir de la salida para jugar en Valencia, la entrenadora ya se vio obligada a recurrir, con más frecuencia y en mayor número, a las juniors. A la participación fija de Mercy Marrero, se unirían las de Pame Pintor, Alicia García-Ramos, Mary Carmen Hidalgo, Mary Carmen Yanes y Helena Ramos.
Con el panorama de la ausencia reiterada de dos de las compañeras más altas y eficaces, Conchy y Marichu, no es de extrañar que las visitas del Picadero, el Alcalá L´Oreal, el Hispano Francés y el Celta, a nuestra sede, se saldaran con victorias de los de fuera. El resto de los de casa se ganó sin grandes problemas y los que rendimos en las canchas ajenas, los perdimos todos. Pese a que la trayectoria de esta temporada no respondió a las expectativas iniciales, en especial, por las indeseables lesiones, nuestra permanencia nunca peligró. Al final, los descendidos fueron el Levante y el Flavia; el Picadero y el Celta, primero y segundo, respectivamente, y en la lista de máximas encestadoras, Catere Falcón quedó entre las quince primeras.
Como actividades complementarias, - que diría un profesional de la Enseñanza -, contarles que en nuestro desplazamiento a Madrid, para jugar con el Iberia, tuvimos la oportunidad de asistir, la tarde del sábado de nuestra llegada a la capital del Reino, en el Pabellón de Deportes de la Ciudad Deportiva del Real Madrid, a un partido de baloncesto masculino: Real Madrid-Juventud de Badalona. Fue un encuentro en la cima de la competición, de esos que generan nuevos y apasionados seguidores, y que terminó con un resultado que resume todo lo que vivimos: 77-78. La igualdad fue constante en los 40 minutos jugados y recuerdo que me impresionó el lleno absoluto de aquel enorme recinto. Allí se decidió el Campeón de Liga de la temporada y que no fue otro que el conjunto de la Penya catalana.
En casa, esas actividades fueron más domésticas. En la décimonovena jornada, antes del partido frente al Hispano Francés, Marichu Hernández fue homenajeada por haber sido proclamada Mejor Deportista Femenina de la provincia, en la temporada 76-77, y en el descanso de nuestro último encuentro, el jugado con el Celta, quien les ha narrado todo esto se despidió de los que asistieron al partido y recibió una placa de recuerdo y un ramo de flores, en nombre del club al que pertenecí los dos últimos años de mi largo idilio con uno de mis deportes amados. También aproveché para que mis compañeras, y las componentes del Celta, dejaran sus firmas en cada una de mis últimas botas de juego. Una para el Krystal y otra para el conjunto gallego. Con ellas, materialicé esa frase tan deportiva de “colgar las botas” y aún las conservo con un cariño muy especial, después de casi treinta y tres años de retirada.
Como imágenes de acompañamiento al texto, sirvan la entrada al partido disfrutado en Madrid, algunos titulares de las crónicas publicadas en esta segunda vuelta, una breve reseña de nuestro último encuentro y la fotografía de las botas que colgué el sábado, 22 de Abril de 1978.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Relativa feliz Navidad

Desde este blog lleno de recuerdos rescatados y de momentos de jubilosa actualidad, como los triunfos que han alcanzado nuestras nuevas generaciones de deportistas, quiero, - como la inmensa mayoría de los que celebran estas tradicionales fiestas de Diciembre -, que las de este 2010 transcurran con toda la paz posible y con mucha, mucha salud y que esos anhelos se mantengan, también, para el 2011.
Para los que se estén preguntando el porqué de este título de hoy, si mis deseos para todos son los mejores, les diré que se debe a que un sector de compañeras y sus familias no van a pasar, precisamente, una de sus más felices fiestas. Me refiero a las de Marichu Hernández, cuya madre falleció hace casi dos meses; a la de Conchy Ramírez, que nos dejó, sorpresivamente, el pasado 26 de Noviembre y a la de Marga Máiquez, que perdió a su madre también, ayer, día 23, y después de muchas semanas luchando con la enfermedad. Así como a su padre, D. Enrique (q.e.p.d.), sí tuve el gusto de tratarlo cuando formé parte del Tenerife Krystal, a Dña. Margarita no llegué a conocerla, pero a través de la bondad que su hija emana por todos sus poros, puedo suponer que esa hermosa cualidad que la caracteriza, tiene que provenir, necesariamente, de los genes y el ejemplo de sus progenitores.
No es difícil imaginar, después de haberlas acompañado en su dolor, que estas fechas tan apropiadas para pasarlas con los más cercanos, no van a ayudarlas demasiado a asimilar la pérdida del ser querido y, aunque ya se lo expresé a todas en su día, les reitero mi cariño y las animo a que recuperen la normalidad de sus vidas lo antes posible. A lo mejor y a pesar de su significado, el momento más idóneo sea el que proporcionan estos días tan especiales, porque estoy segura de que allí donde se encuentren las que las han dejado, desde allí, - decía -, se alegrarán de que retomen sus costumbres rodeados de sus hermanos, hijos, marido y tíos y recordando las situaciones felices que, durante muchas Navidades, debieron vivir juntos.
Queridas compañeras y amigas, queridas familias tengan la seguridad de que yo también las llevo y las llevaré a ustedes, siempre, en mi recuerdo. No sólo en estas fechas entrañables.
Como homenaje gráfico vayan dos imágenes de alegría: la del reencuentro de parte de las gloriosas jugadoras del Kriytal, en casa de Marga, en los primeros días de Octubre pasado, y también la de una celebración del inicio de temporada del OM de 1970-71, en las instalaciones de la firma patrocinadora.

jueves, 14 de octubre de 2010

La primera vuelta

De vuelta a casa desde La Coruña, al día siguiente comenzamos la preparación del que iba a ser nuestro bautismo de fuego como equipo local. Nos tocaba el L´Oreal, de Madrid, que venía precedido por la fama de ser un conjunto potente y con jugadoras avezadas. Lo dirigía Alfredo Calleja, un viejo conocido de la afición tinerfeña, porque entrenó a aquel Náutico masculino que, durante muchas temporadas, jugó en la Primera División nacional.
Este encuentro se ganó con relativa facilidad, por 60 a 50 puntos. Además, nos sirvió para demostrar lo que éramos capaces de hacer, arropadas por una joven y entusiasta hinchada, que siempre nos apoyó, con fidelidad incondicional, durante toda la temporada
Doce eran los equipos que conformábamos la Liga y de los once partidos que jugamos en la primera vuelta, perdimos siete y ganamos cuatro. Tres de éstos, en nuestra cancha. Los tanteos más abultados, de los perdidos, fueron con dos de los aspirantes a hacerse con el título: de 21 con el Evax de Barcelona, y de 20, con el Celta de Vigo. Con el C.R.E.F.F. de Madrid, eterno campeón, sólo perdimos de 2, en su feudo, y en San Sebastián, el otro recién ascendido, nos venció por 3 puntos. De todos ellos, quiero centrarme en dos, porque estuvieron acompañados de circunstancias muy especiales.
El primero fue el que hicimos con el Mataró, en casa, y celebrado en la cuarta jornada. Este equipo era uno de los tres “gallitos” que aspiraban a ser Campeón de esa temporada y tenía muy buenas razones para pretenderlo. Contaba con un grupo de jugadoras de verdadera calidad, entre las que se encontraban dos antiguas compañeras mías, en la Selección nacional de 1971: Carmen Famadas y Olga Álvarez, bases muy expertas, veteranas e inteligentes. Con ellas, jóvenes valores como Ruth Epalza o Carmen Fraile. El entrenador era José Mª Solá, que llevaba unos años dirigiéndolas y, además, era el Seleccionador nacional femenino, desde 1975. Esta última circunstancia, fue motivo de muchas críticas de la época, porque se consideraba que tanto podía beneficiar como perjudicar a sus pupilas del Mataró, a la hora de tener que formar las selecciones pertinentes. Por fortuna, esta doble función sobre una única persona desapareció y el sentido común es el que sigue prevaleciendo, por el bien de todos.
En lo que se refiere a nosotras, a pesar de los animosos comentarios publicados en las crónicas previas al partido, estoy segura de que muy pocos daban un euro (un duro, entonces), porque fuéramos capaces de derrotarles. Antonia lo preparó de un modo muy elaborado y, al final de los entrenamientos, nos encargaba determinadas consignas a cada una, sobre todo, en aspectos defensivos. Recuerdo que a mí me sugirió que escribiera una palabra o una frase sencilla, relativa a esos encargos, y la pusiera en un sitio visible del salpicadero de mi coche, para que, a fuerza de verlo, interiorizara la idea. Desconozco, porque nunca les pregunté, si el resto de mis compañeras hizo lo mismo.
Llegó el momento de la verdad y según cuentan los especialistas, en las reliquias periodísticas que conservo, el partido, desde fuera, mostró dos partes bien diferentes. La primera, de esperado dominio del equipo catalán, que hacía valer su amplio rodaje en la categoría. También los números lo confirmaban. Hasta el minuto 8, las diferencias eran mínimas y alternadas, de 1 o 2 puntos, pero, a cinco minutos del descanso, nos ganaban de 13, terminando esta primera mitad con un 26-35. En el vestuario, la bronca de Antonia fue monumental, porque estaba convencida de que podíamos ganarles, a poco que reaccionáramos.
Y así fue, aunque los primeros minutos de la segunda parte continuaran bajo el dominio de Famadas y compañía. En una serie de aciertos a canasta y, al mismo tiempo, en el control de los rebotes defensivos, estuvo la clave de aquella reacción. Si a ello se unen los ¡32 balones perdidos! por el Mataró (la mayoría, en estos 20 minutos finales), y en la captura de sólo 5 rebotes ofensivos, se explica que los cinco últimos minutos fueran de un toma y daca de punto arriba o punto abajo. Pudo haber ganado cualquiera de los dos, pero nuestro deseo de hacerlo, peleando incansablemente, debió superar al del conjunto catalán. Al final, el resultado fue de 60 a 59 y ese único punto a favor, nos supo a gloria bendita. Habíamos vencido, contra todo pronóstico, y fuimos la sorpresa de la jornada, para toda la prensa especializada del país.
El otro acontecimiento de esta primera vuelta, lo dejo para la próxima entrada. Por ahora, cierro mi relato de hoy, complementándolo con imágenes alusivas a lo narrado. Las fotografías en la cancha del Náutico son, la primera, del salto inicial del Krystal-Medina de Lérida, y, la segunda, un salto entre dos, en el Krystal-Evax. El resto, son los titulares de algunas de las crónicas publicadas por los distintos medios de comunicación escrita, en esta primera ronda, y de un lance del épico partido contra el Mataró, en el que Bea Ravina inicia un bloqueo con Mariajo Paniagua.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Se inicia la competición

Ya dije que la pretemporada de estreno en la máxima categoría femenina, en contra de lo que suele ser habitual, la hicimos durante el mes de Julio. Fue dura, pero muy gratificante porque se comprobó que éramos capaces de cumplir con lo que esta Primera división exigía: trabajo y esfuerzo; más trabajo y más esfuerzo.
En ese tiempo hubo, además, un entrenamiento especial y más intenso para tres compañeras, llamadas por el seleccionador nacional, José Mª Solá, para una concentración a celebrar en aquel verano. Esta dosis extra de trabajo les tocó a Marichu, Mele y Catere. Las tres estaban aún en edad junior, pero eran candidatas a entrar en la Selección absoluta, que tenía que formarse en esos meses.
Descansamos en Agosto, volvimos en Septiembre y, en Octubre, antes del comienzo de la competición, jugamos un partido amistoso con el Marítimo Atlántico, del Grupo Canarias, de la 2ª División nacional. Fue un encuentro preliminar al Náutico-Castellar de la División de Honor masculina, y lo ganamos, sin grandes dificultades, por 47-31.
Días más tarde, llegó el momento de la verdad. El 24 de Octubre de 1976 fue la fecha del primer partido celebrado por el primer equipo canario femenino, que se ganó, muy a pulso, el derecho a participar en la Primera División nacional. En el plano deportivo, podría decirse que es una fecha histórica porque fue el pistoletazo de salida que permitió dar a conocer, por todo el territorio español y durante toda una larga temporada (al menos), cómo se jugaba, a esto del básquet, por estas latitudes tan alejadas de la piel de toro. En estricta justicia, ya el Mª Auxiliadora y sus posteriores variantes en el nombre, habían mostrado y demostrado con creces y durante muchos años, la calidad del juego practicado en las islas, pero su ámbito se redujo, siempre, a las concentraciones de final de temporada, para celebrar las Fases encaminadas al ascenso o para jugar las copas del Generalísimo.
El debut fue lejos de nuestra tierra, en uno de los puntos más distantes posibles: en la ciudad de La Coruña y para enfrentarnos al conjunto del Tabacalera. Viajamos con la ilusión propia de quienes lo hacen para descubrir un mundo nuevo, pero expectantes y preocupadas por la responsabilidad que estábamos contrayendo: representar al Archipiélago en la competición de más alto nivel. Salimos el sábado 23, muy temprano, desde Los Rodeos, vía Madrid y, una vez allí, embarcamos en otro avión con destino Santiago de Compostela y, luego, una guagua nos trasladó hasta Coruña capital, a unos 70 km. del aeropuerto gallego. Nos alojamos en el Hotel Riazor, a escasos metros de la playa del mismo nombre y muy cerca, también, del entonces flamante y recién estrenado Estadio de Riazor, en cuyo pabellón cubierto tendríamos el partido con las coruñesas. Esa misma tarde y sin apenas descanso, tuvimos un entrenamiento suave, sobre todo, para familiarizarnos con la instalación en la que jugaríamos a media mañana del día siguiente.
Éramos uno de los dos equipos recién ascendidos y, como suele ocurrir a los noveles, cuando se enfrentan a conjuntos experimentados, pagamos el precio de serlo, perdiendo por 46 a 32. El equipo coruñés, aunque estaba en un momento de inclusión de savia muy joven y nueva, aún contaba con unas cuantas eficaces e ilustres veteranas. Entre ellas, las hermanas Gómez de Frutos, Maribel y Merche, internacionales en muchas ocasiones, y viejas conocidas de quien redacta esta crónica, cuando jugaba en el OM. Ambas, vinieron a Santa Cruz, en la temporada 71-72. Fue con motivo de la celebración de la I Copa del Generalísimo y ya jugaban en este mismo conjunto, aunque entonces se llamaba Tabaquero. Aunque, como equipo, no se lucieron en su juego, sí hicieron lo suficiente para imponerse a nuestra lentitud, imprecisión y nerviosismo, lo que llevó a que vencieran sin grandes dificultades. Una vez finalizado el encuentro, partimos, desde aquel enorme y frío Palacio de los Deportes, de regreso a nuestras casas.
Desanduvimos todo el recorrido que habíamos iniciado a tempranas horas del día anterior, el sábado, y con este primer desplazamiento, ya tomamos conciencia de la cantidad de horas que habríamos de emplear para llegar a cada una de las sedes de los distintos equipos de la categoría. A pesar de ello y de la primera derrota, nuestro entusiasmo y nuestra ilusión por ir mejorando, no decayeron.
Como imágenes ilustrativas de este debut agridulce, vaya una foto del grupo, a la entrada del hotel, y en la que también está el padre de Marichu, D. Antonio Hernández Laverny (q.e.p.d.). Nos acompañó en su calidad de vocal de la Junta Directiva del C.B. Krystal. También aparece una panorámica de la playa de Riazor, en la que puede apreciarse la enorme cubierta del Palacio de Deportes de La Coruña, aledaño al recién inaugurado Estadio de Riazor, formando parte de sus modernas instalaciones, y en el que jugamos nuestro primer encuentro “primerdivisionario”.

lunes, 20 de septiembre de 2010

¡¡ Y ocurrió !!

En el último párrafo del post Encuentros en otros tiempos, decía que, pasado Agosto, intentaría ponerme en contacto con algunas de mis compañeras del Krystal, para hablarles de la existencia de esta bitácora y precisar, con ellas, algunos detalles que contribuyan a enriquecer todo aquello que vaya rescatando mi memoria. El párrafo termina así: “Espero que, además de una sorpresa, sea un buen motivo para recuperar los recuerdos de aquellas experiencias que vivimos en común y, quién sabe, si el pretexto para volver a reunirnos. Me gustaría que así ocurriera.”. ¡Y ha ocurrido, amigos lectores, ha ocurrido!, y hoy, hace, exactamente, una semana.
En los primeros días de Septiembre probé suerte con Marga Máiquez, de la que sabía que, después de las vacaciones, volvía al trabajo en su farmacia. Allí la localicé y quedamos, dos días después, para explicarle lo que quería. Con gran alegría, por mi parte, me dijo que iba a reunirse en su casa, el lunes siguiente, con siete amigas y compañeras de aquel ilustre equipo, y que yo no podía faltar a aquel encuentro. Sin pensármelo mucho, acepté encantada y sorprendida por la feliz coincidencia. Ahora pienso que mi deseo de verlas, de nuevo, debió de influir, en alguna medida, en los hados del destino y de las citas.
Además de Marga, estaban Bea, Marichu, Mariajo, Merce, Conchy, Mercy y Pame. Aunque la reunión era para comer, yo decliné mi asistencia porque no podía, y me incorporé en el momento de la sobremesa. A todas las encontré fantásticas y todas muestran una serena y atractiva madurez, dada por el buen paso del tiempo. Con sus obstáculos y sus oportunidades, con sus tristezas y sus alegrías. Con la vitalidad de entonces y más divertidas que nunca... Del mismo modo que lo hacíamos en nuestra época deportiva. Aceptando las cosas como venían y llevándolas con el mejor espíritu constructivo.
Margarita les había adelantado el motivo de mi presencia y, claro, las anécdotas, las situaciones jocosas, las difíciles, las que nos hacían reír o llorar… salieron a borbotones. Tomé nota de todo lo que quería aclarar y de aquello que no recordaba, pero que al nombrarlo alguna, enseguida acudió a mi memoria también. Llevé, además, parte de los álbumes que poseo con recortes periodísticos y fotografías, y fue un acierto hacerlo, porque se convirtió en otro de los motivos que hicieron que nos divirtiéramos aún más, comentando, especialmente, el contenido de las crónicas.
Como no podía ser de otro modo, nos hicimos muchas fotografías, para dejar constancia de la estupenda tarde pasada, reviviendo experiencias comunes. Fue un rato entrañable y, además, se produjo lo que yo deseaba: despertar muchos de los momentos vividos, codo con codo. Nos despedimos hasta una próxima reunión, con la promesa, por parte de las hermanas Marrero, de traernos una película que, en su día, nos grabó D. Carlos Marrero, padre de ambas, miembro de la primera junta directiva del club y fan nº 1 de sus hijas y del equipo. Como casi siempre, será Conchy, con sus naturales dotes de relaciones públicas, quien nos convoque.
Para ilustrar este post, que da fe del ansiado y feliz encuentro, vayan unas imágenes que demuestran, sin duda, las buenas horas que pasamos juntas.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Encuentros en otros tiempos

Antes de continuar con el relato competitivo, permítanme darles cuenta de otros momentos entrañables, que viví con alguna o con todas aquellas compañeras con las que tuve el gusto de jugar, durante tanto tiempo.
Después de unos cuantos años en los que sólo veía, muy de tarde en tarde, a alguna de las componentes del Mª Auxiliadora o del Krystal, dos Galas del Deporte hicieron que volviéramos a reunirnos. La primera fue en 1991 y tuve el placer de compartir, con Marichu Hernández Sánchez, el Premio de Leyenda Deportiva que nos concedió la delegación tinerfeña de la Asociación Española de la Prensa Deportiva, la A.E.P.D., presidida por el especialista en baloncesto del periódico El Día y autor del blog BASKETMANÍA, D. Agustín Arias. La distinción se hizo a todos los Mejores Deportistas, de nuestra provincia, de los veinte años que precedieron al 91. Ella lo fue de la temporada 1974-75, y yo, de la 1971-72. El acto tuvo lugar en el Casino Taoro de Puerto de la Cruz, nos pusimos en contacto y fuimos juntas a la cena de celebración de aquella Gala. Recuerdo haberlo pasado muy bien en su compañía y en la de Toñy Cejas, histórico pívot de aquel Náutico de baloncesto masculino que, también en la 1965-66, ascendió, por primera vez en Canarias, a la División de Honor. Con él, en 1970, se inició la serie de los Mejores Deportistas provinciales, que se mantiene hasta la fecha.


El segundo encuentro fue en 1998, cuando la Asociación de la Prensa Deportiva de Tenerife (A.P.D.T.), también bajo la presidencia de D. Agustín Arias, concedió el Premio Especial al Baloncesto Femenino. La distinción fue personificada por quienes fueron pioneros en algunos apartados de esta modalidad. Para ello, y cronológicamente, se convocó a las jugadoras que formaron parte del que fuera Campeón Nacional de la 2ª División, el Mª Auxiliadora, en la temporada 1965-66 y logrado, por primera vez, por un conjunto canario. También, a quien redacta este post, por haber sido la primera jugadora de este archipiélago que fue llamada a formar parte de una Selección Nacional Absoluta, la de la temporada 1970-71, y, por último, al equipo del Tenerife Krystal, con Antonia Gimeno al frente, que en 1975-76, ascendió a la División de Honor femenina, convirtiéndose, con ello, en el primer conjunto de estas islas, que lo conseguía.
Para mí, fue una ocasión muy especial, porque me sentí “triplemente” distinguida y, además, representando el nexo entre dos décadas de un baloncesto femenino canario, cada vez, más emergente. Aunque no pertenecí a la formación que se hizo con el campeonato de la 2ª división, entré a formar parte de este ilustre equipo en la temporada siguiente a la de su logro y, aunque tampoco estuve en el otro hito deportivo, el de subir a la máxima categoría femenina, fui parte integrante del Krystal en sus dos primeras temporadas en la 1ª División. Como se puede comprender, fue todo un honor para mí encontrarme, de nuevo, con todas las estrellas del mejor baloncesto femenino canario de aquellos diez o doce años. De paso, todo el acto en torno a este premio, supuso un merecido homenaje póstumo a quien fuera uno de lo grandes valedores de esta modalidad deportiva en estas tierras nuestras: Jerónimo Foronda Monje (q.e.p.d.). Las imágenes y las palabras que se le dedicaron, supusieron momentos muy emotivos, en particular, para quien fue su mujer y pupila, Ángeles García, y, en general, para el resto de las que tuvimos la oportunidad de ser enseñadas y dirigidas en la competición deportiva, por él y por toda su sabiduría en este deporte de nuestros amores.
En 2006, volví a coincidir con algunas de las compañeras del Krystal durante las jornadas de celebración del Campeonato de Europa femenino de selecciones U18, que se celebró en el pabellón Santiago Martín. Allí estaban las hermanas Marrero, Catere, Bea, Marga, Marichu y hasta Antonia Gimeno, que se vino unos días, para ver aquel gran evento. Por cierto, la Selección española quedó Campeona del continente al quedar primera de las dieciséis que participaron y, en ella, hizo un estupendo papel nuestra joven paisana, la pívot Laura Herrera.
Dos años más tarde, el motivo de encuentro no fue tan alegre y distendido. Volví a verlas en la misa de duelo del padre de Marichu, D. Antonio Hernández Laverny (q.e.p.d.). Como el equipo que fuimos, allí estábamos todas las que pudimos, para arropar a nuestra compañera en uno de sus peores momentos. Sé, a ciencia cierta, que lo agradeció en el alma.
Las imágenes de hoy muestran los trofeos recibidos en cada una de las Galas, el grupo de representantes del Mª Auxiliadora, en el momento de recibir el Premio Especial de 1998, y una de las formaciones del Tenerife Krystal, cuando era Asunción Fanta, en la temporada 73-74.
En cuanto pase Agosto, el mes por excelencia de las vacaciones, me pondré en contacto con todas las que pueda, (de mi último equipo), para invitarlas a visitar estas entradas, que hablan de ellas, y para pedirles ayuda en algunos detalles que me gustaría perfilar, antes de que lleguen a ustedes. Espero que, además de una sorpresa, sea un buen motivo para recuperar los recuerdos de aquellas experiencias que vivimos en común y, quién sabe, si el pretexto para volver a reunirnos. Me gustaría que así ocurriera.

viernes, 16 de julio de 2010

Buenos amigos y campeones

Pasada, espero, la resaca de la borrachera "campeonamundialista", me nace (como diría mi buena amiga Jane), hacer algunas reflexiones sobre el acontecimiento deportivo que hemos vivido en este último fin de semana.
Nunca he sido futbolera, aunque el fútbol siempre me ha parecido un deporte bastante completo para quienes lo practican, porque han de correr, constantemente, arriba y abajo, y a lo largo y ancho de un rectángulo de césped que mide algo más de 100 m. por casi 70, en sus dimensiones más idóneas, tratando de dominar un balón con los pies para introducirlo en una portería de poco más de siete metros de ancho por casi dos y medio de alto. Todo eso desarrolla buena capacidad pulmonar, agilidad en los movimientos, capacidad de precisión, visión de juego, velocidad, reflejos, etc. Pero igual de completos, o más, son otros muchos deportes de equipo o individuales y, sin embargo, por causas que desconozco y que soy incapaz de avistar por mí misma, ninguno mueve las masas de aficionados que mueve el fútbol.
Lo que sí sé es que, en el caso de este grupo de jóvenes campeones, se ha dado lo que, por ejemplo, se dio en 2006 con la también Campeona del Mundo de baloncesto masculino. El origen del éxito de ambas selecciones estuvo en el compañerismo, la camaradería y, en definitiva, la amistad y armonía que existía entre todos sus componentes. Esas buenas cualidades, probablemente, responden a la calidad humana de cada uno de ellos, pero se potencian, incentivan, estimulan, gracias a un director de orquesta que, en la figura del seleccionador y sus ayudantes, es la responsable principal de esa buena sintonía personal de los jugadores. Todo ello, les ha llevado a prescindir de sus estrellatos individuales y a esforzarse y sacrificarse en conjunto y por el conjunto, peleando por lo mismo, codo con codo, y alegrándose todos con lo que hacía bien cada uno. Esa es, para mí, la grandeza de este conjunto de deportistas, tanto del fútbol como del baloncesto, y lo que, sin duda, les ha llevado hasta un final triunfador.
Pero, no han sido los únicos. Recuerdo que las mismas virtudes se le atribuyeron a las Selecciones de Balonmano de 2005 y de Waterpolo de 1998 y 2001 y a la de Tenis de 2000, 2004, 2008 y 2009, y todas también Campeonas del Mundo de esas temporadas. Asimismo, el hermano pobre del balompié, el Fútbol-sala, ha sido brillante campeón mundial con su selección nacional, en 2006 y 2007. Además de estas modalidades deportivas de equipo, es justo recordar que España también cuenta con campeones del mundo en Atletismo, Piragüismo, Kárate, Boxeo, Natación, Golf, Jockey sobre patines, Boxeo, Ciclismo, Motociclismo, Vela, Automovilismo, etc.
He querido recuperar todas estas glorias nacionales, porque solemos ser bastante ingratos y con poca memoria histórica, a la hora de exaltar, sobre todo, al multimillonario mundo del fútbol. Es bueno y sano alegrarse del reciente triunfo de este deporte-negocio o negocio-deporte, pero en su justa medida. Es, indudablemente, un hecho histórico deportivo, pero nada más. Igual que lo han sido los de otros deportes en su momento y, sin embargo, no se jalearon ni casi colapsaron la vida del país, el día que lo lograron. No perdamos de vista que estas megaestrellas (que diría Boris Izaguirre), están mejor pagadas que nadie, en este país nuestro, y que su obligación profesional era, por lo menos, llegar al partido final. También lo estaban en anteriores Mundiales, pero, a lo mejor, falló lo fundamental: auténtica labor de equipo, por encima de individualidades egocéntricas y lo que, para mí, es primordial: la personalidad de un seleccionador, que no les enseña a jugar al fútbol porque ya saben y mucho, pero sí a motivarlos en ese principio de compartir lo bueno y lo malo. Guardando las distancias que marcan las épocas, las competiciones y la categoría, mi experiencia personal como deportista de muchos años, me avala en esta convicción porque también lo he vivido en mis carnes.
Desde aquí, pues, mi admiración y respeto hacia esos entrenadores y seleccionadores que tienen muy claro que la base de un buen resultado deportivo está en la buena relación humana que consigan inculcar en sus pupilos. Mejor ejemplo para jóvenes que aspiran a emular a un Pep Guardiola o a un Vicente del Bosque, imposible.

sábado, 10 de julio de 2010

Inesperado fin de trayecto

Una vez regresamos de Segovia, comenzó el habitual período de vacaciones deportivas, aunque algunas, por puro hobby y siempre que podíamos, nos echábamos algún “dos pa´dos” o un “tres pa´tres”, allí donde hubiera una zona dibujada y un aro. El balón y las ganas siempre los poníamos nosotras. Para no perder la costumbre, vaya.
Llegado Septiembre, Jeromo nos convocó, como siempre, para iniciar la pretemporada y, entre otras actividades propias de la misma, cuando faltaba un mes para el comienzo de la liga, tuvimos un partido con el campeón de Canarias vigente, el Asunción Krystal. Partido que ganamos por 38-27 y del que Jorge L. Carballo, periodista especializado en baloncesto, dijo en su crónica que el Santa Teresa, aunque era muy pronto para vaticinarlo, apuntaba, de nuevo, a ser uno de los “gallitos” de la competición.
El grupo canario contó, en esta temporada de 1975-76, con diez equipos repartidos por las dos provincias, dos menos que en la precedente: U.D. Las Palmas, Medina de Gáldar, Medina de Telde, Medina de Arrecife y Caja Insular de Ahorros de Arucas, por la de Las Palmas; por la de Santa Cruz, Asunción Krystal, Hércules de Icod, Marítimo Atlántico (con las jugadoras y equipo técnico del Medina Santa Cruz de la temporada anterior), Medina Orotava y el nuestro, Medina Santa Teresa. Desaparecieron el Alfa Romeo y el Medina Chaxiraxi.
También ésta fue una temporada irregular para nosotros y añadió, además, un ingrediente al que no estábamos acostumbrados: la violencia y el mal ambiente en algunos momentos de la competición. Como muestra, la suspensión de dos encuentros por agresiones o intentos de agresión a los árbitros. Uno fue en Icod, a falta de dos jornadas para acabar el torneo y, precisamente, en nuestra visita al Hércules. Allí, el colegiado que pitaba, ante la ausencia de fuerza pública a la que recurrir cuando algunos desaprensivos intentaron agredirle, suspendió el partido en el minuto 33 y cuando ganábamos nosotras por 32 a 44. El segundo incidente se dio en el Medina Orotava-Medina Arrecife que, a medio minuto para terminar y cuando ganaban las visitantes por un 29-30, fue suspendido por invasión del campo de juego, por parte de algunos asistentes que, además, agredieron al árbitro. En ambos casos, el Comité nombrado para estas situaciones falló a favor de los equipos que iban ganando y dio por concluidos ambos partidos. También fue deplorable el enfrentamiento, más allá de las palabras, de algunos familiares de los componentes del Marítimo Atlántico y del Asunción Krystal, en el encuentro celebrado en la cancha de este último, teniendo que intervenir los colegiados para evitar males mayores. Otro suceso indeseable fue el ocurrido también en La Orotava. Allí, una de las jugadoras locales, no contenta con una decisión del colegiado de turno, mostró su desacuerdo estrellando, contra el suelo, el reloj de la mesa arbitral.
En la clasificación final, volvió a ser Campeón de Canarias, y esta vez imbatido, el Krystal. Le siguió el Marítimo Atlántico y, en el tercer puesto, nosotras. Perdimos cuatro encuentros: los dos contra el campeón, además de uno con la U.D. Las Palmas y el otro no recuerdo con quien ni dispongo de reseña periodística que lo recoja. La Fase Nacional de Ascenso a la 1ª División se celebró en la ciudad de Cuenca y a ella sólo asistió el primero de cada uno de los grupos que conformaban la 2ª. La gran noticia fue que el representante canario logró, por fin, el ascenso de categoría, junto con el Medina de San Sebastián. Justo diez años después de que el mítico Mª Auxiliadora fuera brillante Campeón nacional de la 2ª División e injustamente despojado de su derecho a haber ascendido a la División de Honor femenina. Dos indudables hitos de nuestras baloncestistas y que, sin duda, abrieron camino a que formaciones posteriores también lo lograran. Lógicamente, de lo ocurrido en esta liga final no puedo aportar detalles porque no estuve allí.
Lo que sí puedo decir es que, a nivel personal, después de haberme iniciado en esto del baloncesto catorce años antes y haber competido dura y seriamente durante diez temporadas consecutivas, el balance de todo lo vivido hasta entonces fue muy positivo. Aún así, los acontecimientos del último año, los del ambiente enrarecido por acciones lamentables, me disgustaron de tal modo que, después de meditarlo mucho, decidí retirarme.
Sentí que aquello iría empeorando y que ya no me iba a encontrar a gusto. Sentí que el respeto y la camaradería que había entre todos los que nos dedicábamos a la noble tarea del deporte, en su estado más puro, comenzaban a perder la exquisitez de la que siempre hicimos gala. Empecé a detectar intereses ajenos a esa pureza. De fuera nos llegaron intrigas, influencias, envidias y rencillas que nada bueno aportaban a lo que por aquí, de manera más modesta, hacíamos. Percibir todo aquello me llevó a tomar esa decisión. Los malos resultados de los últimos tiempos no me preocupaban, porque es ley de vida el relevo generacional en todos los ámbitos y ya sólo aspiraba a seguir disfrutando de los buenos ratos con los compañeros y amigos, dentro y fuera de las canchas. Así pues, convencida de que era lo mejor, colgaría mis botas y me concentraría más en mi trabajo y en mi futuro laboral. Quería asegurarlo con una estabilidad mayor de la que tenía y, forzosamente, esta realidad pasaba por la preparación de unas oposiciones.
Este final de trayecto no significa que éste sea mi último post, porque quedan algunos cabos sueltos, dentro de la cronología seguida, y quisiera atarlos en nombre de la más estricta justicia hacia quienes fueron intérpretes de esos cabos. Por ahora, vayan estas imágenes, para completar el de hoy. Son momentos de juego con el Medina Orotava en nuestra cancha, con el Krystal, en la suya, y una foto de familia con las chicas del Caja Insular de Arucas y otra de nuestro equipo. En éstas últimas, nos acompaña Tino, el marido de Marta, que sustituyó a Jeromo en la dirección de los encuentros que tuvimos en Arucas y en Icod, porque él no pudo asistir.

lunes, 31 de mayo de 2010

Como Medina Santa Teresa

La temporada 73-74 terminó con un balance bastante negativo para aquel grupo humano, aficionado y practicante del baloncesto, que, durante muchos años, formó un equipo con diferentes nombres. Fue campeón imbatido de Canarias desde el año 1966 hasta el 1973. Primero como el Mª Auxiliadora que sucedió al que fuera Campeón de España de la 2ª División Nacional, en la temporada 65-66. Después, como DISA Disbón y, por último, como OM. Con el patrocinio de estas siglas automovilísticas, se mantuvo desde el 69 hasta el 74 y fue antes de comenzar la 74-75, cuando esta empresa declinó su continuidad con nosotros.
Para esta decisión, seguramente, coincidieron dos factores. Del primero fuimos únicos responsables y fue el relativo a los malos resultados que, poco a poco, estábamos teniendo. El segundo, ajeno a nuestra acción directa, pudo ser el de la crisis que llegó a este país como consecuencia de una enorme y dura subida del precio del barril del petróleo, impuesta por la OPEP (Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo, más Egipto y Siria). Estas naciones acordaron no exportar más petróleo a los países que habían respaldado a Israel en su enfrentamiento con sirios y egipcios. Esta medida incluyó a Estados Unidos y a sus aliados de Europa Occidental, entre los que estaba España. El aumento del precio, unido a la gran dependencia que tenía el mundo industrializado del petróleo de la OPEP, provocó un fuerte efecto inflacionista y una reducción importante de la actividad económica de los países afectados.
Creo recordar que las jugadoras, al menos, nunca supimos todos los motivos por los que la OM dejó de patrocinarnos. Mucho tiempo después y con la perspectiva que va dando el paso del tiempo y los conocimientos que se van adquiriendo, llegamos a la conclusión de que algo debió de influir, también, aquella crisis petrolera del 74.
La pérdida de aquella tutela comercial supuso para nosotros la apertura de un panorama bien negro y algunos de nuestras “pesos pesados” optaron por retirarse de la actividad deportiva. Fue el caso de las hermanas Hernández Gutiérrez, Mary Pily y Mª Reyes. La primera, porque se casaba y la segunda, porque su carrera de Medicina avanzaba y los estudios le exigían, cada vez, más dedicación. El resto de veteranas, constituido por Ángeles, Marta, Vicky, Mary Carmen, Charo y Elena, se pronunció por seguir jugando, si se encontraba alguna institución o empresa que quisiera darles su nombre.
Jerónimo, como siempre que nos vimos en situaciones parecidas, tocó en todas las puertas posibles, pero la sombra de la comentada crisis impidió contar con ningún respaldo empresarial. En última instancia, pidió ayuda a la Sección Femenina, a pesar de que, en su día, este organismo del extinto régimen franquista, denunció a dos de las antiguas componentes del legendario Mª Auxiliadora que el formó y entrenó, de rebeldes y de falsificadoras de sus edades, ante la Federación de Baloncesto. Denuncia, por cierto, totalmente infundada y que dejó exentas de sanción alguna a las jugadoras. A aquella mala experiencia con la citada Sección, Jeromo antepuso el deseo de sus pupilas, de continuar jugando. Habló con Cecilia Hernández, coordinadora de todos los conjuntos Medina que existían en Canarias y dependían de la Sección, y llegaron a un acuerdo.
Ese acuerdo se materializó en la formación de un nuevo Medina Santa Teresa con cinco de las seis componentes del desaparecido OM y cinco del Santa Teresa originario y que ya había participado en ligas anteriores. Éstas últimas fueron Juany Hernández, C. Delia García Farráiz, M. Carmen González, M. Carmen Sánchez y Nelva Estévez. En algunos partidos puntuales, las junior de ambos conjuntos iniciales, también formaron parte de las alineaciones. Con el resto de integrantes, más Elena Agulló como importante refuerzo, se organizó otro grupo para la competición, el Medina Chaxiraxi.
En esta temporada, la Federación Nacional reestructuró las categorías femeninas y Canarias fue incluida en una 2ª División. Se formaron doce equipos, de los que siete eran Medinas. Esa demostración de poderío en la participación de conjuntos deportivos, debió de ser la muestra de los últimos estertores de un régimen dictatorial que ya agonizaba, después de casi cuarenta años imperando, y a nosotras, que queríamos seguir jugando a toda costa, no nos quedó más remedio que formar parte de esos estertores. En aquel momento, debimos aplicar esa máxima filosófica de que “El fin justifica los medios”.
Visto con la mirada de quien madura con el paso de los años, hay que agradecer la disposición que la representante de la Sección Femenina mostró siempre para negociar nuestra participación. Cecilia era una persona muy discreta y equilibrada, pionera en la práctica de varios deportes y muy experimentada, que supo unir, con su inteligencia y mano izquierda, lo que le convenía a la organización que representaba y lo que nos convenía a nosotros. Fue, además, Delegada del equipo y siempre la recordaré con su engañosa apariencia de mujer seria y distante, pero que, a medida que nos fuimos conociendo, resultó ser muy cercana, detallista y entrañable. No sé qué ha sido de ella, si vive o se ha ido ya para siempre. Para mí, ha sido de esas personas con las que me gustaría volver a encontrarme para, juntas, recuperar aquellos tiempos en una buena charla.
Una sola foto ilustra esta crónica, la que recoge a aquel renovado Medina Santa Teresa, aunque faltan en ella la Delegada, Cecilia, y Mary Carmen González. Además de las del OM, en la fila superior, junto a Jeromo está M. Carmen Sánchez y en la de abajo, de izquierda a derecha, Juany Hernández, C.Delia García y Nelva Estévez. La imagen en blanco y negro impide saber los colores del equipaje y describirlo ayudará a imaginarlo. Consistía en una camiseta tipo polo, de color amarillo naranja, muy alegre, y falda corta tableada, escocesa y de colores rojo, verde, blanco y negro en el dibujo de sus líneas y cuadros. También dispusimos de camisetas rojas y blancas. El chandall era verde oscuro con doble cinta blanca a lo largo de las mangas de la chaqueta y las piernas del pantalón.
En otra entrada, completaré los avatares de esta nueva experiencia con nuevo nombre. Queda mucho por contar, porque se pasó de la posibilidad de desaparecer para la competición a ser, otra vez, serias aspirantes al campeonato regional. Pero, como les digo, continuaré próximamente…

domingo, 2 de mayo de 2010

Crónica casi rosa



A todas éstas, en mi afán de no perder el hilo conductor de las temporadas, he pasado por alto las situaciones personales que iban cambiando, en muchos de nosotros, y que también formaron parte de nuestra deportiva vida. Así pues, me van a permitir entrar en los aspectos meramente humanos de quienes dedicamos tanto tiempo a prepararnos para ser buenos practicantes de baloncesto y, al mismo tiempo, desarrollar nuestras facetas más desconocidas. 
En el año 70, Conchy Ramírez acabó sus estudios en Historia, formando parte de la II Promoción de Licenciados en esta especialidad, de la Universidad de La Laguna y, según acabó, comenzó su trayectoria como profesora, en la Academia Rodríguez Campos, en aquel entonces situada cerca de la Plaza de los Patos y ya desaparecida. Hoy continúa su excelente labor profesional en la actual Escuelas Pías.
El año 71 fue un año especial y lleno de acontecimientos. Ángeles Domínguez, Angelita para nosotros y una de las cuatro gloriosas componentes del campeonísimo Mª Auxiliadora, que se mantuvieron en activo unas cuantas temporadas más, se despidió de las canchas en la Fase Final celebrada en Cáceres. Se casaba con Carlos, aunque no se alejó del todo porque nos acompañó en muchos desplazamientos posteriores, junto con su marido. En la actualidad, goza de su jubilación anticipada como empleada de mucha categoría y muchísimos años, en Telefónica. También contrajeron matrimonio Ángeles y Jeromo y meses más tarde vino al mundo, Jerónimo II, Jeromín para toda la familia cestista, el primero de sus cuatro hijos. Ellos sí que no abandonaron el baloncesto. Todo lo contrario. Lo vivieron hasta dentro de casa, día y noche. Me los imagino atendiendo a sus críos y, al mismo tiempo, cambiando impresiones sobre "qué táctica sería la mejor para el partido del próximo sábado o si sería más conveniente empezar la defensa con una zona 1-3-1 o un marcaje individual…" Eso sí que era un gran amor al baloncesto.
De las que seguían estudiando, fue Charo la que obtuvo su título en Bellas Artes en este período y, como Conchy y Ángeles, que ya daba clases en el Colegio de la Asunción, desde 1966, también entró en la difícil y bonita tarea de la Enseñanza, en el Instituto Mixto de Bachillerato, de aquel entonces. Actualmente, después de casi cuarenta años en las aulas de Dibujo, disfruta de un retiro profesional adelantado, voluntario y bien ganado.
Mª Reyes y Pilar Juan, veteranas más jóvenes, continuaban con su exigente y larga carrera y hoy son dos competentes expertas de la Medicina: ginecóloga y neuróloga, respectivamente.
También en estos años creció la familia deportiva del OM en forma de nuevos fichajes con media naranja e hijos, incluidos. Son los casos de Marta, con Tino y sus hijas Martita y Patricia, en la temporada 70-71, y Mary Carmen, con Arturo y sus niños Juanjo y Natalia, en la 72-73. También desde la 70-71, con Andrea, llegó Jose, su esposo.
Ángeles, en sus embarazos, estuvo entrenando y jugando durante los tres o cuatro primeros meses. En un deporte de equipos, esto conllevaba un alto grado de riesgo, pero la afición y vocación que ella sentía eran tan desmedidas que no cejaba en su afán de cumplir con su papel de componente importante del conjunto. Hoy, cuando recordamos estas historias, reconoce que fue una osada y que tuvo una gran suerte al no haber tenido ninguna complicación. Está claro que el ímpetu y la inconsciencia juveniles nos hacen creer que podemos con todo…
En 1973, llegó el segundo de los Foronda García. En esta ocasión, una niña que, como su hermano con el del papá, perpetuó el nombre de su madre y contamos con una Angelita más.
La descendencia la completaron con José Domingo y Lucía, años más tarde.
En 1975, Mary Pily Hernández, nuestra gran capitana de siempre, fue la que dijo adiós al baloncesto para casarse con Jose, hermano de Marta, y dedicarse a su nueva vida, compaginándola con su trabajo de administrativa. Hoy, continúa con esas labores.

Las fotografías para esta ocasión, las he agrupado por sagas familiares. Las primeras corresponden a los Foronda García, donde se muestra a Ángeles en su segundo embarazo; la pareja con su pequeña en casa; algunas jugadoras del equipo brindando por la niña y los dos mayores, ya con uno y dos añitos, vestidos con el equipaje del OM. La segunda es la de Marta y Tino, apareciendo en una de ellas la mamá con la hija mayor y, en la otra, el papá junto a los recién casados, Angelita y Carlos. El tercer grupo es el de los Escuder Gutiérrez de Salamanca, con Mary Carmen y Arturo, y Juan José y Natalia, sus hijos mayores, cuando asistían a algunos de nuestros partidos. Por último, Mary Pily y Jose, en su época de novios y próximos a casarse.
Como pueden ver, vidas tan normales como las del resto de los humanos, pero con una particularidad: a todos nos unió siempre, y nos sigue uniendo, la gran pasión que sentimos por el baloncesto y por lo que éste significó para cada uno.
Aprovecho la fecha en la que cuelgo esta entrada, para felicitar a todas estas mamás y a las que lo fueron más tarde, deseándoles que este Día de la Madre, lo sea todos los días de sus vidas.

jueves, 15 de abril de 2010

Nuevas entrenadoras



La temporada 1972-73 se inició con el aliciente y la novedad de que se celebrara el X Curso Provincial y VI Regional para obtener el título de Preparador de Baloncesto, en alguna de esas categorías. Para el segundo de ellos, se inscribieron tres de nuestras compañeras y durante dos semanas del final del verano, los cuarenta y cinco alumnos admitidos en ambas modalidades, acudieron a las sesiones teóricas y prácticas que se impartieron en dos sedes: Santa Cruz y La Orotava. La dirección de los cursos corrió a cargo del que, por cuatro años, fuera entrenador del Barcelona de entonces, D. Javier Añúa. Como ayudante para las clases prácticas, contó con un destacado alero de ese mismo equipo, el internacional José Mª Soler.
De los veinticinco aspirantes a obtener el título regional, veintitrés superaron las pruebas fijadas para ello y lo más llamativo e interesante fue que el número uno lo consiguió, de manera brillante, nuestra compañera Ángeles García. En el quinto puesto, quedó Conchy Ramírez y en el octavo, Charo Borges. Las tres, además de quedar muy bien situadas, fueron las únicas participantes femeninas que aprobaron de las cinco presentadas y demostraron estar sobradamente preparadas para desarrollar el papel de entrenadoras. Todas tenían ya el de categoría provincial, conseguido dos años antes, de la mano de D. Antonio Díaz-Miguel (q.e.p.d.), extraordinario Seleccionador nacional masculino, durante veinte años. Sin embargo, ninguna encauzó su vida profesional por esos derroteros, a pesar de hacerlo por los de la enseñanza de otros conocimientos. La prensa local destacó de aquella convocatoria, el dato curioso y poco frecuente, por entonces, de que los números uno de los dos cursos fueran ocupados por jóvenes deportistas: Ángeles por el Regional y Cándida Rosa García, de La Orotava, por el Provincial.
En el apartado colectivo, el plantel de jugadoras del OM, desde la temporada anterior, contó con la inclusión de Elena Agulló, que procedía de los equipos de La Pureza y con la baja de Mary Carmen Brito, por motivos de estudio. En la que hoy rememoro, también hubo novedades. Jeromo fichó a Antonia Gimeno, que procedía del Filomatic Picadero de Barcelona y, mediada la Liga, contó también con Mary Carmen Gutiérrez de Salamanca, antigua jugadora del Asunción y del Náutico, conjuntos de la liga escolar de los últimos años 60. Como bajas voluntarias, tuvimos las de Pilar Juan y Andrea Rivero. En el cargo de Edita Núñez, la Delegada, que estuvo con nosotras cuatro años, también tuvimos cambio de personas. Primero fue D. Kenan Ramírez (q.e.p.d.), padre de Conchy, y cuando viajamos a la Península, le sustituiría Agustín Yanes Segurola, que permaneció en ese puesto hasta la última temporada del OM.
Al igual que en la campaña anterior, las dificultades para disponer de una cancha donde entrenar y celebrar los partidos oficiales, se agudizaron. Sólo teníamos contacto con el balón a través de partidos amistosos que celebrábamos, entre semana, en las pistas de quienes nos pedían que jugáramos con ellos. A pesar de esa situación adversa, nos vimos participando en la I Copa Apertura femenina y ganándola, más por veteranía, mayor altura y técnica individual y de conjunto, que por calidad de juego.
También en esta ocasión, recién empezada la Liga, se pudo resolver esta contrariedad gracias a las monjas del Hogar Escuela, cuna del gran campeón Mª Auxiliadora, recordado en el post Las campeonas. Una vez más, accedieron a que nuestra sede deportiva fuera su cancha de baloncesto y, aunque no contáramos con vestuarios y duchas, fue una tranquilidad para el equipo disponer de aquella instalación.
Revalidamos el Campeonato Provincial, perdiendo un solo partido y, de nuevo, con el Hércules de Icod, en su cancha. El tanteo fue muy pobre, 38-35, dejando patente que podía haber ganado cualquiera. El Regional, también volvimos a conseguirlo después de vencer a la U.D.Las Palmas. En su cancha Rodríguez Monroy, lo hicimos por 29-46 y aquí, jugado en la cancha cubierta del Real Club Náutico, el resultado fue de 82-39.
Este último partido nos sirvió para que todas nosotras le hiciéramos un pequeño homenaje de agradecimiento a Jeromo, nuestro entrenador. Para ello, le regalamos una réplica del cañón Tigre, símbolo emblemático de la defensa de nuestra capital, Santa Cruz, ante los ataques de las naves del Almirante inglés Horatio Nelson, quien, a finales del siglo XVIII, intentó invadir la isla, desde el mar, en tres ocasiones.
Las fotos de esta entrada corresponden a tres momentos de la temporada. Una, con los integrantes del equipo acompañados de D. Joaquín Aranguren, Director Gerente de la firma concesionaria de OM, y de familiares y amigos, en la cancha de la U.D. Las Palmas; otra, que recoge la concentración del banquillo en un partido jugado en La Orotava y, la última, el instante en que nuestra “capi”, Mary Pily, le entrega al entrenador la miniatura del cañón Tigre, durante el descanso del encuentro con la U.D. Las Palmas, celebrado en el Club Náutico de Tenerife.
En esta ocasión, el Campeonato de España tuvo lugar en Alicante y lo que allí ocurrió, se los contaré en el próximo relato.