domingo, 8 de agosto de 2010

La Primera me sedujo

En cuanto decidí mi retirada deportiva, en el mes de Abril de 1976 y según acabó la temporada para nosotros, comencé a organizar mi vida sin baloncesto. Lo primero, fue completar lo que hacía en cada temporada precedente, desde 1971: el curso escolar, allí donde estuviera dando clase. Este año fue en el Colegio Hispano Inglés, donde permanecí desde el 74 hasta el 79. Después, las merecidas vacaciones y, cuando el curso volviera a rodar, compaginar mi trabajo con la preparación de unas oposiciones para acceder a la enseñanza pública. Pero, como digo en la entrada anterior, se cruzó en mi camino algo que nunca hubiera esperado: la propuesta de formar parte del Asunción Krystal, flamante recién ascendido a la 1ª División femenina y que, a partir de entonces, pasó a llamarse Tenerife Krystal. Voy a contarles lo que ha quedado en mi memoria de cómo ocurrió.
Seguí por la prensa los pasos triunfantes que el Krystal estaba dando en Cuenca, lugar de concentración de todos los campeones de zona, de la 2ª División, para celebrar la Fase de Ascenso. También los de su regreso a la isla y todo el merecido reconocimiento que se hizo a su fantástico logro. Fue un hecho deportivo histórico que consiguiera, por primera vez, el tan buscado ascenso por alguno de los equipos femeninos de esa época. Justo a los diez años de habérsele negado al campeonísimo Mª Auxiliadora de los años 60, con trampas y ardides poco limpios y legales.
Avanzado el mes de Junio, algunas personas relacionadas con este deporte, “encantadas” con trasladarme la primicia, me dijeron que este equipo estaba interesado en que yo jugara con ellos. En ningún caso, di por buenos aquellos chismes y rumores. Ya se sabía lo de mi retirada y pensé que no tenía mucho sentido que nadie fuera a interesarse por mi continuidad.
Pero, con gran sorpresa por mi parte, a los pocos días, me llamó a casa Antonia Gimeno, entrenadora del Krystal y antigua compañera de equipo en el OM de la temporada 72-73, para hablar conmigo. Me pidió hacerlo durante un almuerzo, en la antigua Caseta de Madera. Para información de los más jóvenes, decirles que esta especie de casa de comidas, típica de barrios marineros, era exactamente lo que su nombre indica. Estaba situada en la zona de Los Llanos, hacia el Sur de la capital, próxima a la orilla del mar. Desapareció con el Plan General de Ordenación Urbana de los años 80, que reestructuró todo aquel gran espacio. Si no me equivoco, estaba emplazada muy cerca de lo que hoy ocupan las instalaciones del Parque Marítimo. Estuvo de moda durante muchos años, a pesar de lo destartalado de su construcción, por el buen pescado que servía. Hoy se la tildaría de chiringuito o de guachinche, como nos gusta decir por estas islas.
Una vez allí, Antonia me dijo que conocía mi intención de retirarme, pero que había hablado con Jeromo sobre las probabilidades que habría de que yo me lo pensase. Tenía especial interés en contar conmigo para formar parte del conjunto que quería que afrontara la primera temporada en la División de Honor. En absoluto, quería considerarme como un refuerzo, sólo como una jugadora más, cuya larga experiencia en el baloncesto, iba a ser un buen ingrediente para lo que ella pretendía. También estaba buscando una jugadora muy alta, en torno al 1’90 m., que además tuviera el nivel de juego necesario para la categoría a la que se había accedido. Pero, por estas latitudes y en aquellas fechas, no era fácil conseguirlo. Las posibilidades económicas de los clubs de entonces, no permitían fichar jugadoras peninsulares a las que había que facilitar un domicilio y una manutención que, con jugadoras locales, no era necesario hacer porque vivíamos aquí y seguíamos siendo puras amateurs, aún en la máxima división. Me limité a escucharla y le pedí que me diera unos días para pensármelo.
En ello quedamos y lo que hice, a continuación, fue ver a Jerónimo y a Ángeles y cambiar impresiones con los dos. No en balde, había jugado muchos años con ellos, me conocían muy bien y los consideraba unos excelentes amigos y expertos. Sus opiniones eran de gran valor para mí. La charla me ayudó mucho a aclarar mis dudas, aunque, tengo que reconocer que, desde el momento en que Antonia me lo planteó, la idea me sedujo en gran medida. Sobre todo, porque siempre me atrajo la curiosidad de saber lo que era jugar en la categoría más alta de este deporte y en una competición que cubría, prácticamente, todo el territorio nacional. Sopesé el esfuerzo y la dedicación que iba a exigirme y si el calendario previsto era compatible con mi trabajo en el Hispano Inglés. La conclusión, después de valorar todos aquellos datos y argumentos, no se hizo esperar. Aparqué, de momento, mi intención de convertirme en opositora y volví a ver a Antonia para decirle que aceptaba integrarme en el proyecto que ella quería diseñar, para la primera temporada de su equipo en la máxima división femenina.
En la próxima entrada, recuperaré esos pasos iniciales de lo que iba a ser el comienzo del final de mis muchos años en el deporte activo. Como complemento gráfico de ésta, sirvan los titulares escaneados de la noticia publicada en los periódicos de entonces, sobre mi fichaje por el Krystal. Las fotografías del equipo las reservo para los relatos siguientes.

miércoles, 28 de julio de 2010

Me pudo el pudor

Hola, de nuevo. Después de mucho pensarlo, he vuelto otra vez. No es cuestión de nostalgia o de escritura compulsiva que ya no pueda parar, no. Es cuestión de cumplir con lo que, allá por Agosto del año pasado, dejé por escrito en este espacio bloguero. En uno de mis primeros posts, me comprometía a rescatar de mi memoria lo ocurrido en casi veinte años de intensa vida deportiva. Entonces, no reparé en que llegaría un momento en que, para quienes siguieron con cierta regularidad las ligas femeninas de aquellos tiempos y hoy han tenido la amabilidad de interesarse por algunos de mis relatos, iba a ser fácil descubrir quién está detrás de esta poco frecuente palabra Septena.
Con la temporada 75-76, formando parte del Medina Santa Teresa, han sido catorce las revividas, lo cual lleva a pensar que no debí retirarme cuando tuve intención de hacerlo. O hice mal las cuentas o seguí jugando, no queda otra. Puestos a escribir con absoluta propiedad, sí que, en esa temporada, me retiré de la categoría y la competición en la que tanto tiempo había participado. Con lo que no conté nunca es con que pudiera interesar a ningún otro equipo.
Para cumplir con ese objetivo de continuar la narración sin abandonar el anonimato, pensaba recurrir a alguna “mentirijilla” piadosa que, bien mirada, no tenía sentido y sería poco creíble. Y aquí llegó mi dilema: mostrar o no, a los cuatro vientos, quién se esconde bajo el nombre de Septena. Después de darle muchas vueltas a esta disyuntiva, me he encomendado a todas las diosas y dioses posibles y he llegado a la difícil conclusión, para mí, de descubrirme. Hacer un streep-tease de mi personalidad, vaya.
Me va a costar bastante continuar en esto de los recuerdos deportivos, una vez revele, para unos, y confirme las posibles sospechas, para otros, quién soy. Creo que debe notarse, después de tantas vueltas y re-vueltas para hacerlo, que sigo estando muy reacia a ver mi nombre escrito por mí misma, dentro de estas ya numerosas líneas. Antes de continuar, pido a aquellos que dijeron suponer o intuir quién era el autor o autora de estas historias, no queriendo yo ratificárselo, que me perdonen por no admitir su acierto en ese momento. Me pudo, (y me sigue pudiendo), el pudor. Pero, ya no queda otro remedio que reconocerlo. Sí, estimado Agustín Arias y sí, estimada Jane, soy la que pensabais que era. Soy Charo Borges, la número 7, la séptima o la septena de mis queridos equipos, durante esas diez temporadas de jugadora federada (¡uff, ya lo he soltado).
Vuelvo a pedir disculpas, - en particular a ustedes dos -, porque han sido los que han dado forma escrita a esa suposición. Pero, también les ruego, a ustedes y a los demás, que entiendan que, en algunas situaciones puntuales de esas historias, si quería transcribir los datos objetivos sobre lo que ocurría en torno a mis equipos, me daba mucha vergüenza contar, en primera persona, los avatares que me tocó vivir en hechos concretos en los que tuve algún protagonismo.
Desde el primer instante en que decidí abrir este blog para dejar constancia de la vida y obras de un grupo de enamorados del baloncesto (entre los cuales me encontraba), tuve muy claro que sería bajo un pseudónimo. Ese recurso me iba a solucionar la papeleta de hablar, de manera distanciada y a modo de narradora aséptica y objetiva, de aquellas peripecias en las que estuve más involucrada. Sólo así, me he atrevido a hacerlo. Quienes me conocen bien, saben lo mucho que me incomoda referirme a mí y a mis cosas.
Como pueden imaginar, de esta autoría están al tanto algunas de mis compañeras de entonces, porque he recurrido a ellas para precisar determinados detalles y contrastar unos cuantos recuerdos compartidos, en nombre de la mayor rigurosidad y precisión a la hora de revivirlos. A todas les rogué que mantuvieran mi deseo de anonimato y, desde aquí, quiero agradecerles que lo hayan hecho. Sin embargo, no todas saben que llevo casi un año hablando de nosotros y espero que en algún próximo encuentro, de esos que hacemos de vez en cuando, pueda contárselo e invitarlas a entrar en este espacio común que pretende ser un homenaje y un reconocimiento a lo mucho que ellas significaron en el baloncesto femenino de esta tierra nuestra.
Esta última razón, también ha hecho que reconsiderara mi continuidad en esto de los recuerdos. Sería muy injusto no dejar constancia de las experiencias que tuve el placer de vivir con otro grupo de jóvenes deportistas. Ellas, igualmente, aunque en una época posterior, forman parte de otra etapa gloriosa del básquet de nuestro archipiélago. No en balde, fueron las primeras en acceder a la tan ansiada categoría de honor femenina y este otro hecho histórico, merece los mismos reconocimientos que he tratado de recuperar en sus predecesoras.
En futuras entradas, las que cubran mis dos últimas temporadas en activo, será el equipo por el que fiché durante ese tiempo, el Tenerife Krystal, el hilo conductor de los recuerdos. Los primeros serán los de cómo llegué a formar parte del recién ascendido a la División de Honor… Pero, eso será dentro de unos ocho o diez días. Así pues, hasta entonces.

martes, 20 de julio de 2010

Saldando deudas

Llegados a este punto y para que no me quede nada en el recorrido del camino que estoy a punto de acabar, quiero hacer mención a otra actividad cestista que algunas de las compañeras del OM también compaginaron con su participación en las ligas de la Federación Provincial, Regional y Nacional. Fue su condición de estudiantes universitarias la que propició el que formaran parte del equipo de baloncesto que representaba al Distrito de La Laguna en los Juegos Universitarios, el de la Facultad de Filosofía y Letras. Podía hacerse y no desaprovecharon la oportunidad. Pero, vayamos por partes.
En la temporada de 1970-71, Conchy Ramírez y Ángeles García fueron entrenadoras y jugadoras del grupo de esa Facultad que, como campeones del Distrito lagunero, se desplazaron a Zaragoza para participar en la Fase de Sector. Entonces y ahora, esos equipos suelen integrar a jugadoras que forman parte de las plantillas de otros conjuntos que militan en las divisiones y categorías nacionales o regionales y que están matriculadas en alguna facultad o escuela universitaria. Además de ellas dos, contaron con Concha Elena de Armas, del Canarias; Magaly González de Ocón y Mª Jesús Brito, del Náutico y, por último, Thais Santacreu, Juany Peña y Aracely Núñez, del Pureza Kaiser. Antes de irse a Zaragoza, Ángeles y Conchy le pidieron a Jeromo disputar un partido amistoso con el resto de compañeras del OM, con el fin de recaudar fondos para el viaje de Fin de Carrera de las alumnas de Magisterio del Hogar Escuela y, de paso, coger algo de más rodaje con vistas a su intervención en tierras mañas. El resultado fue de 41-41, después de reñidos momentos para lograr vencer a las campeonas regionales. En la capital del Ebro, se clasificaron para la Fase Final, que se jugó en Madrid. Aquí, ya costó más hacerse con los mejores del resto de Sectores nacionales, quedando últimas de esa Final.
En la temporada siguiente, la 71-72, volvieron a ganar su participación para las fases peninsulares, quedando otra vez, campeonas de Distrito. La dirección del equipo estuvo a cargo, solamente, de Conchy, porque Ángeles se había casado y esperaba su primer hijo. La sustituyó, como jugadora únicamente, Charo Borges, mientras que el resto de chicas ofreció pocas variaciones. Se incorporaron Conchy del Castillo Cossío, que, como Concha Elena, pertenecía al Canarias, y del Pureza llegó Adela Izquierdo Guzmán. En esta ocasión, la Fase de Sector tuvo lugar en Valencia y allí se quedó invicto de nuevo y, por lo tanto, se obtuvo el derecho a intervenir en la Final que se celebró en Barcelona. Los otros campeones de sector también eran de las Facultades de Filosofía y Letras de Barcelona, Madrid y Bilbao. Con el primero, las de La Laguna ganaron de un punto, 58-59, y con los otros perdieron. Para el partido contra las de Bilbao no pudieron contar con la aportación de Charo. Ese partido coincidía con el que debía disputar el OM al Teresianas de Las Palmas, para conseguir el campeonato de Canarias y ella se desplazó a la Península, con las universitarias, bajo aquella condición, la de regresar a Tenerife para participar en ese decisivo encuentro regional.
Lo mejor de esta experiencia fue que se consiguió, por primera vez para la facultad lagunera, ganar una medalla en los Juegos de este deporte: la de bronce. Recuerdo que las compañeras decían que si hubieran contado con nuestra jugadora, muy posiblemente podía haber sido la de plata, porque el equipo vasco resultó ser el más débil de los tres contendientes que tuvieron. Para ella, fue todo un éxito, ya que, a la consecución de aquella medalla, se unió el haber ganado al conjunto grancanario y, con ello, de nuevo, la inclusión de nuestro equipo en la Liga Nacional.
Otra actividad, en esta ocasión muy curiosa, fue la de que algunas de las jugadoras del OM tuvimos la oportunidad de participar en un partido exhibición de Balonkorf o Korfbal. Fue en el verano de no recuerdo qué año de los 70, y sólo unas pocas estuvimos disponibles para hacerlo. Muchos se preguntarán a qué responden esos extraños nombres y voy a tratar de resumir, en pocas palabras y con algunas fotos, en qué consiste.
Su nombre proviene del holandés korfball, en donde "korf" significa "cesto". Nació en Holanda a principios del siglo XX, gracias a un maestro, Nico Broekhuysen, quien, en 1902, ideó un pequeño reglamento para un deporte cuyo objetivo fundamental era organizar un juego de equipo en el que interviniesen chicos y chicas simultáneamente. La composición de los equipos, por lo tanto, es mixta, con cuatro chicos y cuatro chicas por cada equipo. Lo más peculiar son las canastas y el lugar en el que éstas se sitúan, a 6’5 m. del centro de los lados más cortos de un rectángulo de 40x20 m.
Toda esta información, como es fácil imaginar, la he conseguido gracias a esta valiosísima herramienta que es Internet y a través de uno de sus más potentes buscadores, Google. Si hubiera tenido que dar estos datos en aquel entonces, probablemente, lo hubiera tenido bastante más complicado. Con esto quiero decirles que si quieren saber más de esta modalidad, utilicen el mismo recurso. Se encontrarán muchas páginas sobre el tema.
Debió ser una campaña de promoción de los que querían extender este deporte por España, la que hizo que llegara a nuestra isla en aquellos años. Jugamos en la cancha del Palais Royal, lo que hoy es el Centro de Arte La Recova, situado frente a un lateral del Teatro Guimerá. Sobre la marcha, nos explicaron en qué consistía y como tiene muchas coincidencias con el baloncesto de siempre, no nos costó mucho aprender lo básico. Se formaron varios grupos de jugadores que nos relevábamos continuamente y, aunque resultó muy divertido, no debió cuajar por estas latitudes, porque nunca más volví a saber de él. Tiene un reglamento más sencillo que el de su hermano mayor y a mí me gustó mucho. Hoy leo, no sin cierta sorpresa, que se introdujo en España en 1968, por la ciudad de Málaga, que se sigue practicando por varias zonas del país y que Cataluña es, actualmente, una potencia internacional en las competiciones de balonkorf.
Las imágenes del relato muestran momentos de nuestras compañeras en la liga universitaria y fotos y esquemas de una cancha de korfbal, extraídas de la Red. Con ellas, considero atados los cabos a los que aludí en mi anterior entrada y saldada la deuda con las compañeras que dedicaron parte de su tiempo a jugar, aún más, al baloncesto y a su sucedáneo.

viernes, 16 de julio de 2010

Buenos amigos y campeones

Pasada, espero, la resaca de la borrachera "campeonamundialista", me nace (como diría mi buena amiga Jane), hacer algunas reflexiones sobre el acontecimiento deportivo que hemos vivido en este último fin de semana.
Nunca he sido futbolera, aunque el fútbol siempre me ha parecido un deporte bastante completo para quienes lo practican, porque han de correr, constantemente, arriba y abajo, y a lo largo y ancho de un rectángulo de césped que mide algo más de 100 m. por casi 70, en sus dimensiones más idóneas, tratando de dominar un balón con los pies para introducirlo en una portería de poco más de siete metros de ancho por casi dos y medio de alto. Todo eso desarrolla buena capacidad pulmonar, agilidad en los movimientos, capacidad de precisión, visión de juego, velocidad, reflejos, etc. Pero igual de completos, o más, son otros muchos deportes de equipo o individuales y, sin embargo, por causas que desconozco y que soy incapaz de avistar por mí misma, ninguno mueve las masas de aficionados que mueve el fútbol.
Lo que sí sé es que, en el caso de este grupo de jóvenes campeones, se ha dado lo que, por ejemplo, se dio en 2006 con la también Campeona del Mundo de baloncesto masculino. El origen del éxito de ambas selecciones estuvo en el compañerismo, la camaradería y, en definitiva, la amistad y armonía que existía entre todos sus componentes. Esas buenas cualidades, probablemente, responden a la calidad humana de cada uno de ellos, pero se potencian, incentivan, estimulan, gracias a un director de orquesta que, en la figura del seleccionador y sus ayudantes, es la responsable principal de esa buena sintonía personal de los jugadores. Todo ello, les ha llevado a prescindir de sus estrellatos individuales y a esforzarse y sacrificarse en conjunto y por el conjunto, peleando por lo mismo, codo con codo, y alegrándose todos con lo que hacía bien cada uno. Esa es, para mí, la grandeza de este conjunto de deportistas, tanto del fútbol como del baloncesto, y lo que, sin duda, les ha llevado hasta un final triunfador.
Pero, no han sido los únicos. Recuerdo que las mismas virtudes se le atribuyeron a las Selecciones de Balonmano de 2005 y de Waterpolo de 1998 y 2001 y a la de Tenis de 2000, 2004, 2008 y 2009, y todas también Campeonas del Mundo de esas temporadas. Asimismo, el hermano pobre del balompié, el Fútbol-sala, ha sido brillante campeón mundial con su selección nacional, en 2006 y 2007. Además de estas modalidades deportivas de equipo, es justo recordar que España también cuenta con campeones del mundo en Atletismo, Piragüismo, Kárate, Boxeo, Natación, Golf, Jockey sobre patines, Boxeo, Ciclismo, Motociclismo, Vela, Automovilismo, etc.
He querido recuperar todas estas glorias nacionales, porque solemos ser bastante ingratos y con poca memoria histórica, a la hora de exaltar, sobre todo, al multimillonario mundo del fútbol. Es bueno y sano alegrarse del reciente triunfo de este deporte-negocio o negocio-deporte, pero en su justa medida. Es, indudablemente, un hecho histórico deportivo, pero nada más. Igual que lo han sido los de otros deportes en su momento y, sin embargo, no se jalearon ni casi colapsaron la vida del país, el día que lo lograron. No perdamos de vista que estas megaestrellas (que diría Boris Izaguirre), están mejor pagadas que nadie, en este país nuestro, y que su obligación profesional era, por lo menos, llegar al partido final. También lo estaban en anteriores Mundiales, pero, a lo mejor, falló lo fundamental: auténtica labor de equipo, por encima de individualidades egocéntricas y lo que, para mí, es primordial: la personalidad de un seleccionador, que no les enseña a jugar al fútbol porque ya saben y mucho, pero sí a motivarlos en ese principio de compartir lo bueno y lo malo. Guardando las distancias que marcan las épocas, las competiciones y la categoría, mi experiencia personal como deportista de muchos años, me avala en esta convicción porque también lo he vivido en mis carnes.
Desde aquí, pues, mi admiración y respeto hacia esos entrenadores y seleccionadores que tienen muy claro que la base de un buen resultado deportivo está en la buena relación humana que consigan inculcar en sus pupilos. Mejor ejemplo para jóvenes que aspiran a emular a un Pep Guardiola o a un Vicente del Bosque, imposible.

sábado, 10 de julio de 2010

Inesperado fin de trayecto

Una vez regresamos de Segovia, comenzó el habitual período de vacaciones deportivas, aunque algunas, por puro hobby y siempre que podíamos, nos echábamos algún “dos pa´dos” o un “tres pa´tres”, allí donde hubiera una zona dibujada y un aro. El balón y las ganas siempre los poníamos nosotras. Para no perder la costumbre, vaya.
Llegado Septiembre, Jeromo nos convocó, como siempre, para iniciar la pretemporada y, entre otras actividades propias de la misma, cuando faltaba un mes para el comienzo de la liga, tuvimos un partido con el campeón de Canarias vigente, el Asunción Krystal. Partido que ganamos por 38-27 y del que Jorge L. Carballo, periodista especializado en baloncesto, dijo en su crónica que el Santa Teresa, aunque era muy pronto para vaticinarlo, apuntaba, de nuevo, a ser uno de los “gallitos” de la competición.
El grupo canario contó, en esta temporada de 1975-76, con diez equipos repartidos por las dos provincias, dos menos que en la precedente: U.D. Las Palmas, Medina de Gáldar, Medina de Telde, Medina de Arrecife y Caja Insular de Ahorros de Arucas, por la de Las Palmas; por la de Santa Cruz, Asunción Krystal, Hércules de Icod, Marítimo Atlántico (con las jugadoras y equipo técnico del Medina Santa Cruz de la temporada anterior), Medina Orotava y el nuestro, Medina Santa Teresa. Desaparecieron el Alfa Romeo y el Medina Chaxiraxi.
También ésta fue una temporada irregular para nosotros y añadió, además, un ingrediente al que no estábamos acostumbrados: la violencia y el mal ambiente en algunos momentos de la competición. Como muestra, la suspensión de dos encuentros por agresiones o intentos de agresión a los árbitros. Uno fue en Icod, a falta de dos jornadas para acabar el torneo y, precisamente, en nuestra visita al Hércules. Allí, el colegiado que pitaba, ante la ausencia de fuerza pública a la que recurrir cuando algunos desaprensivos intentaron agredirle, suspendió el partido en el minuto 33 y cuando ganábamos nosotras por 32 a 44. El segundo incidente se dio en el Medina Orotava-Medina Arrecife que, a medio minuto para terminar y cuando ganaban las visitantes por un 29-30, fue suspendido por invasión del campo de juego, por parte de algunos asistentes que, además, agredieron al árbitro. En ambos casos, el Comité nombrado para estas situaciones falló a favor de los equipos que iban ganando y dio por concluidos ambos partidos. También fue deplorable el enfrentamiento, más allá de las palabras, de algunos familiares de los componentes del Marítimo Atlántico y del Asunción Krystal, en el encuentro celebrado en la cancha de este último, teniendo que intervenir los colegiados para evitar males mayores. Otro suceso indeseable fue el ocurrido también en La Orotava. Allí, una de las jugadoras locales, no contenta con una decisión del colegiado de turno, mostró su desacuerdo estrellando, contra el suelo, el reloj de la mesa arbitral.
En la clasificación final, volvió a ser Campeón de Canarias, y esta vez imbatido, el Krystal. Le siguió el Marítimo Atlántico y, en el tercer puesto, nosotras. Perdimos cuatro encuentros: los dos contra el campeón, además de uno con la U.D. Las Palmas y el otro no recuerdo con quien ni dispongo de reseña periodística que lo recoja. La Fase Nacional de Ascenso a la 1ª División se celebró en la ciudad de Cuenca y a ella sólo asistió el primero de cada uno de los grupos que conformaban la 2ª. La gran noticia fue que el representante canario logró, por fin, el ascenso de categoría, junto con el Medina de San Sebastián. Justo diez años después de que el mítico Mª Auxiliadora fuera brillante Campeón nacional de la 2ª División e injustamente despojado de su derecho a haber ascendido a la División de Honor femenina. Dos indudables hitos de nuestras baloncestistas y que, sin duda, abrieron camino a que formaciones posteriores también lo lograran. Lógicamente, de lo ocurrido en esta liga final no puedo aportar detalles porque no estuve allí.
Lo que sí puedo decir es que, a nivel personal, después de haberme iniciado en esto del baloncesto catorce años antes y haber competido dura y seriamente durante diez temporadas consecutivas, el balance de todo lo vivido hasta entonces fue muy positivo. Aún así, los acontecimientos del último año, los del ambiente enrarecido por acciones lamentables, me disgustaron de tal modo que, después de meditarlo mucho, decidí retirarme.
Sentí que aquello iría empeorando y que ya no me iba a encontrar a gusto. Sentí que el respeto y la camaradería que había entre todos los que nos dedicábamos a la noble tarea del deporte, en su estado más puro, comenzaban a perder la exquisitez de la que siempre hicimos gala. Empecé a detectar intereses ajenos a esa pureza. De fuera nos llegaron intrigas, influencias, envidias y rencillas que nada bueno aportaban a lo que por aquí, de manera más modesta, hacíamos. Percibir todo aquello me llevó a tomar esa decisión. Los malos resultados de los últimos tiempos no me preocupaban, porque es ley de vida el relevo generacional en todos los ámbitos y ya sólo aspiraba a seguir disfrutando de los buenos ratos con los compañeros y amigos, dentro y fuera de las canchas. Así pues, convencida de que era lo mejor, colgaría mis botas y me concentraría más en mi trabajo y en mi futuro laboral. Quería asegurarlo con una estabilidad mayor de la que tenía y, forzosamente, esta realidad pasaba por la preparación de unas oposiciones.
Este final de trayecto no significa que éste sea mi último post, porque quedan algunos cabos sueltos, dentro de la cronología seguida, y quisiera atarlos en nombre de la más estricta justicia hacia quienes fueron intérpretes de esos cabos. Por ahora, vayan estas imágenes, para completar el de hoy. Son momentos de juego con el Medina Orotava en nuestra cancha, con el Krystal, en la suya, y una foto de familia con las chicas del Caja Insular de Arucas y otra de nuestro equipo. En éstas últimas, nos acompaña Tino, el marido de Marta, que sustituyó a Jeromo en la dirección de los encuentros que tuvimos en Arucas y en Icod, porque él no pudo asistir.

miércoles, 30 de junio de 2010

Segovia para compensar

En los días previos a la competición y en el que tuvimos de descanso, compaginamos los entrenamientos con paseos por el entorno del hotel en que nos alojamos. Un hotel, por cierto, pequeño, muy familiar y acogedor, con una excelente comida casera que siempre celebrábamos. Estábamos ubicados en pleno centro, en la Plaza Mayor, a dos pasos de la bellísima y enorme catedral gótica segoviana. Recuerdo, como edificio muy curioso, la Casa de los Picos que, para mí, tiene un cierto paralelismo con la Casa de las Conchas, en Salamanca. También la encrucijada de encantadoras calles, jalonadas por iglesias románicas, como la de San Millán, la de San Martín o la de San Esteban, que desembocan en plazas con distintos niveles, que llevan sus nombres y alguna estatua conmemorativa de sus personajes históricos. El imponente Acueducto romano, que nos recibió y despidió, cerca del que está el mesón de Cándido, famoso en todo el mundo por sus cochinillos lechales asados, tan típicos de Segovia. En aquel entonces, ya había lista de espera para poder comer allí. Pero no me quedé con las ganas de saber cómo se prepara en la zona. Tuve la oportunidad de probar uno exquisito, en otro restaurante también muy próximo al Acueducto, el Mesón Duque, acompañado, además, de la mejor sopa castellana que he comido nunca.
Como algo extraordinario, algunas de nosotras, las que tuvimos la curiosidad de hacerlo, visitamos los alrededores de la capital. El dueño del hotel en que nos alojamos era un hombre muy amable y campechano, que siempre estuvo pendiente de que nos sintiéramos a gusto. Hizo buena amistad con Jeromo y nos invitó a visitar lugares y edificaciones cercanas. En un microbús de su propiedad nos llevó a ver los exteriores, porque no teníamos tiempo para más, de los palacios de La Granja y de Riofrío, del que nos dijo que el pequeño bosque que lo rodea albergaba grandes y distintas piezas de cacería, sobre todo gamos, reservadas para la afición por la cetrería del Rey Juan Carlos y sus antecesores. También estuvimos en el Alcázar, desde cuyos miradores vimos la Iglesia de la Vera-Cruz, románica y muy peculiar, porque tiene una planta poligonal de doce lados que, desde lejos, parece redonda. Paseamos muy cerca del Santuario de la Virgen de la Fuencisla y bebimos agua de una pequeña fuente de la que se decía que las jóvenes solteras que lo hicieran, se casarían en el año siguiente. Que yo sepa, en nosotras no se cumplió.
Además de disfrutar de todo lo visitado, antes de irnos de Segovia compramos algunos recuerdos para nuestras familias. En mi caso, aún se conservan en casa unos pequeños cuencos artesanos, de barro esmaltado, con la inscripción “Recuerdo de Segovia”, en los que solemos hacer, en invierno, un sucedáneo de aquella riquísima sopa castellana que tanto saboreé.
Hoy, recordando y reflexionando sobre todo lo ocurrido en la temporada 74-75, llego a la conclusión de que, más que una temporada de altibajos, fue un tiempo muy diferente al que, parte de nosotras, habíamos vivido en los grupos anteriores a los que pertenecimos. Tengo la sensación de que fue la temporada más disputada, en la que el resultado de cada partido era más incierto. En las anteriores, nuestra superioridad era tan manifiesta que, sin gran esfuerzo, ganábamos los encuentros y quedábamos campeonas de las ligas canarias, casi por costumbre.
En ésta, al fusionarnos con cinco nuevas compañeras, hubo un período de adaptación que costó superar y que, muy probablemente, el amor que todas, sin excepción, sentíamos por el baloncesto, hizo que saliéramos adelante en ocasiones que, antes, no se habían dado. La compenetración en el juego no fue fácil, porque procedíamos de estilos muy diferentes y, supongo, que el artífice de que, poco a poco, lo consiguiéramos, fue nuestro entrenador, Jerónimo Foronda.
También hay que tener en cuenta que los equipos rivales mejoraban y eso hacía que ofrecieran más dificultades a la hora de enfrentarnos a ellos. Por primera vez, jugamos una liga mucho más competida, aunque no mucho más fuerte que las precedentes. En esta ocasión, todos los participantes perdimos algunos encuentros y nunca hubo una superioridad manifiesta por parte de ninguno. El campeón de entonces, el Krystal Asunción, hubo de esperar a las últimas jornadas para confirmarse como tal.
En lo único que sí mantuvimos la costumbre fue en nuestra actuación final, la de la fase peninsular. Allí, como solía ocurrir, se evidenció, otra vez, la ausencia de esa fuerza a la hora de competir en Canarias. Volvimos a perder y a no ganar ni un solo partido. Era nuestro sino y, a pesar de ello, luchábamos sin desmayo.
Ese año, la compensación vino sin esperarla y fue la de disfrutar, al menos, del sitio en el que residimos. Muestra de esa compensación son las fotos que acompañan la entrada. La Casa de los Picos, el Acueducto, el Alcázar y la Catedral de Segovia representan los buenos ratos que pasamos muy cerca de ellos.

domingo, 20 de junio de 2010

Tampoco en Segovia

Hace pocos días, me llevé una alegría muy grande. Después de varios años sin coincidir con alguna de las antiguas compañeras del Medina Santa Teresa, me encontré con Juany Hernández y Maso, su marido. Parece que estos últimos posts dedicados a recordar los avatares de este equipo, me hayan ayudado a invocarlos para saber unos de otros. Durante unos minutos que pasaron muy rápido, hicimos un breve repaso de ese tiempo en que no nos habíamos visto. Los dos están estupendos y muy felices por ser abuelos ya. Unos abuelos muy jóvenes y muy guapos, por cierto, porque, donde hubo, siempre queda… Aproveché para preguntarles qué sabían de Cecilia, nuestra última delegada de equipo, y me dijeron que había fallecido hace algunos años. Mis sospechas se confirmaron y de verdad que lo he sentido muchísimo. Ya no podré recordar viejos tiempos con ella.
Y de una actualidad agridulce, de nuevo a un pasado, cada vez, menos glorioso.
Como siempre que nos clasificábamos para las fases finales que se celebraban en la Península, nos desplazamos a Segovia tres días antes de que se iniciara la competición, por aquello de los largos recorridos que teníamos que hacer desde nuestra isla y la necesidad de aclimatarnos al lugar desconocido. Diez fueron los equipos participantes, los campeones y subcampeones de cada uno de los cinco grupos que conformaron la 2ª División de aquella temporada.
Con ellos, la Federación volvió a formar dos nuevos grupos, incluyendo al Krystal Asunción en el primero y a nosotras, en el segundo. La primera ronda se celebró del 13 al 16 de Abril y nos estrenamos con el Medina de Valladolid que, en el último segundo, convirtió la canasta que hizo que perdiéramos por 41 a 43. Los otros tres rivales que tuvimos: Liceo Italiano, Medina de San Sebastián y Medina Almudena de Madrid, también nos ganaron y por diferencias mayores, lo que hizo que quedáramos excluidas de la fase final, después de cuatro agotadoras jornadas seguidas. Nuestro descanso nos tocó el último día. Por el contrario, la marcha del Krystal fue triunfante. Venció a tres de sus contendientes y se clasificó como candidato al ascenso a la División de Honor del baloncesto femenino. Para ello, se enfrentaron, entre sí, los campeones y subcampeones de los dos grupos y aquí, el Asunción Krystal no tuvo tanta fortuna y, aunque disfrutó de un día de descanso en cada ronda, el esfuerzo fue excesivo para un conjunto con corta experiencia en aquellas lides y un banquillo muy escaso para lo mismo.
Esta nueva comparecencia nuestra en un torneo nacional, fue la más larga y dura de cuantas habíamos celebrado a lo largo de casi una década. Por lo menos, para las cinco jugadoras que proveníamos del extinto OM. Aquello hizo que nuestra moral sufriera más de la cuenta y sólo la estancia en una ciudad tan bonita y rica en diferentes culturas como Segovia, mitigó bastante aquella tristeza. En la próxima entrada, les describiré los buenos ratos pasados en su visita.
Las compañeras procedentes del Santa Teresa originario debieron sentir esa desazón nuestra y se las ingeniaron para alegrarnos con divertidos detalles, una vez acabada la competición para nosotras. Nelva Estévez era la capitana del equipo y me consta que también capitaneó aquel derroche de simpáticas ocurrencias rimadas que, junto a un pequeño regalo, nos dedicaron a cada una de nosotras. Especialmente graciosa fue la que recibió Charo y que ella conserva con especial cariño. Nelva fue, además, una de sus compañeras de trabajo durante un cierto tiempo. Daba clases como monitora de Gimnasia en un Instituto de Enseñanza Media, allá por los primeros 70 y, unos años más tarde, volvieron a encontrarse en el mundo del baloncesto. Desde finales de ese mismo decenio, Nelva es entrenadora nacional de Gimnasia rítmica y una verdadera autoridad en ese campo. Acabó su Licenciatura en Educación Física y posee varias distinciones nacionales y locales. Muchas son las pupilas que han aprendido de su sabiduría deportiva y han alcanzado triunfos a nivel internacional. Ana Bautista, la gimnasta tinerfeña más conocida, fue una de ellas. Desde 2003, preside el Club Odisea, de Santa Cruz, y ahí continúa.
Paso a reproducirles, escaneado, el “poema” que le escribió a Charo, a raíz de uno de los disgustos más gordos que tuvo en el torneo segoviano. Fue durante el partido celebrado con el Medina de Valladolid, perdido por dos puntos en el último segundo y después de un arbitraje que consintió excesiva dureza por parte de las castellanas. Charo, harta de las continuas personales que le hacía quien la marcaba y sin que estas faltas se señalaran, no se le ocurrió nada mejor, por primera y única vez en su vida, que darle un empujón, - que vio todo el mundo -, en una de esas agarradas. Como suele pasar a los que nunca emplean esos recursos, no supo hacerlo. El árbitro la descubrió y le pitó a ella la consecuente personal. Esta anécdota que tanto afectó a nuestra compañera, inspiró a Nelva en el momento de creación de sus chascarrillos dedicados. Ahí va:
Además de esta imagen, acompañan a la entrada una fotografía de Cecilia Hernández, a modo de recuerdo y homenaje a su labor y entrega como coordinadora de los Medinas de aquella época y delegada del nuestro, y otra de las formaciones del Santa Teresa, en la que, además de ser en color, aparecen dos de las jugadoras junior, Gisela, en la fila de pie, y Marta, en la agachada.