miércoles, 7 de abril de 2010

Los árbitros

Antes de continuar con la cronología de la competición, es de justicia dedicar un post a quienes formaron parte indispensable e imprescindible de ella: los árbitros. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define a un árbitro como “persona que en algunas competiciones deportivas cuida de la aplicación del Reglamento” y también como “persona cuyo criterio se considera autoridad”. Para nosotros, los deportistas, supongo que esta figura básica para el buen transcurso del juego, viene a ser una conjunción de estas dos acepciones. Es decir: “Persona que en algunas competiciones deportivas cuida de la aplicación del Reglamento y cuyo criterio se considera autoridad”.
Leyendo estas definiciones, recuerdo con mucho gusto que, en mi etapa de intensa práctica, el respeto a los árbitros, por parte de todos y cada uno de nosotros, siempre fue absoluto. No guardo en mi memoria haber presenciado ni protagonizado ningún mal gesto y, mucho menos, haber oído palabras o frases ofensivas hacia ellos. Incluso, estando en desacuerdo en más de una ocasión, con determinadas faltas o decisiones, siempre fuimos muy disciplinados y respetuosos con aquello que se nos señalaba. Pocas veces, achacamos la dificultad de sacar un partido complicado adelante, a una mala actuación arbitral y pocas veces, también, los señores de gris no demostraron su sabiduría y dominio de las reglas del juego. Siempre he considerado que un árbitro, por encima de todo, tiene que ser alguien muy neutral y equilibrado y así lo percibí en el 95% de los que intervinieron en los muchísimos encuentros que disputamos.
A lo largo de tantos años de competición en estas tierras, muchos fueron los que arbitraron nuestros partidos y me acuerdo, con frecuencia, del buen hacer y la categoría de los más veteranos, encabezados por D. Miguel Díez-Alegre. Junto a él, Víctor y Fernando Rojas, Alejandro Puerta, José Ramón Molina, Miguel Gómez, Evelio García, Clemente Carmona, Quintana, Antonio Guadalupe, Domingo Sola, Emilio Villaverde… Discípulas aventajados de la calidad de los maestros fueron los más jóvenes como, por ejemplo, José Manuel Abreu, Manuel Hernández Bermudo, Ángel Recuenco, Armas, Valentín Santana, Pedro Sáinz, Jesús Arencibia o Pedro Hernández Cabrera. Muchos de ellos, además, fueron árbitros internacionales con un prestigio muy celebrado allá donde pitaran: competiciones europeas, mundiales u Olimpiadas. Pido disculpas, también, por no poder recordar los nombres de todos los que, a lo largo de casi veinte años de dedicación deportiva, arbitraron los muchísimos partidos en los que intervine. Vaya, pues, desde aquí, mi homenaje, admiración y respeto hacia todos, porque estoy convencida, desde siempre, que la labor más ingrata, menos reconocida y más difícil de ejecutar, en el ámbito deportivo, es la que le toca a los árbitros. 

Para terminar, una anécdota simpática que se dio entre nuestra capitana, Mary Pily Hernández, y uno de los más avezados, el Sr. Molina. Jugábamos un partido de la Liga provincial y una jugadora rival efectuó un tiro de los que actualmente están valorados con tres puntos, en una zona cercana a Mary Pily. Ésta, que no esperaba que lo hiciera desde tan larga distancia, dio un paso adelante a la desesperada y se acompañó de una ligera exclamación de sorpresa e impotencia, apenas audible por los demás. Pero, el árbitro, que se encontraba muy cerca de las dos, le pitó una técnica a nuestra capitana alegando que hubo intento de intimidación por parte de mi compañera. Mary Pily, que es un alma de Dios y muy correcta, no daba crédito a lo que le señalaba el Sr. Molina y no pudo convencerle de que, en absoluto, esa fuera su intención.
Las fotografías, como es lógico, muestran a muchos de aquellos importantes protagonistas de las competiciones. Las figuras de muchos de ellos se han escaneado y recortado de imágenes que recogen momentos de juego, por lo que aparecen en plena faena y con las posturas propias de su trabajo.

domingo, 28 de marzo de 2010

Retorno a la competición


Una vez cerrado el paréntesis dedicado a nuestra internacional y sus avatares, recupero el relato de las competiciones en las que seguíamos inmersas. 
En la temporada 1971-72, el mayor obstáculo al que hubo de hacer frente el OM, durante las primeras semanas, fue la falta de una cancha a la que poder acudir a diario para efectuar los entrenamientos y celebrar los partidos oficiales. Anduvimos de prestado durante un buen tiempo y eso hizo que, en ocasiones, las cosas no salieran como se esperaba de un conjunto campeón. A pesar de ello, la historia volvió a repetirse y ganamos la Fase Provincial, después de haber vencido en catorce, de los quince partidos disputados. Por primera vez, se perdía un encuentro y fue con el Hércules de Icod, en la cancha de éste y contra todo pronóstico. Como en la temporada anterior los conjuntos rivales fueron el citado Hércules Mas, Náutico, Medina de Santa Cruz, San Agustín de Los Realejos y Universidad Canarias Pepsi, no participando el Pureza Kaiser y el Medina de Icod. En la Fase Regional, se enfrentaron al Teresianas de Las Palmas, que fue el líder de la Liga hermana, y le ganamos los dos partidos celebrados por un resultado global de 150 a 62 puntos.
El gran aliciente de la 71-72 era la celebración, en Santa Cruz, del Campeonato de España Femenino, que se había interrumpido desde 1962 por razones económicas y que, para reconocer la buena labor y los buenos resultados que se estaban dando en Canarias con equipos como el Náutico masculino, el Mª Auxiliadora y el propio OM, se decidió reiniciarlo en nuestra capital. Las ayudas ofrecidas por los organismos oficiales, las empresas locales y la Sección Femenina, hicieron posible la puesta en marcha de este gran evento. Para darle más énfasis a su recuperación, la Federación Española le añadió, además, el subtítulo de I Copa del Generalísimo y se convirtió en el acontecimiento deportivo de aquel entonces. Era la primera vez que tenía lugar, en el Archipiélago, una competición de este nivel, en este deporte. Participaron los tres equipos mejor clasificados en la Fase Nacional, que fueron el C.R.E.F.F. de Madrid, el Picadero de Barcelona y el Tabaquero de La Coruña, además del OM, como campeón regional canario. Las Fiestas de Mayo de la ciudad fue la época elegida y la sede para celebrar los encuentros, las instalaciones del Real Club Náutico de Tenerife.
La jornada de semifinales tuvo lugar el 30 de Abril y el OM se enfrentó al Picadero, quien ganó por 66-47, después de un primer tiempo muy igualado y que no pudo mantenerse, debido a la mayor calidad y preparación física de las catalanas, que venían como subcampeonas de la Fase Nacional. El otro enfrentamiento se dirimió a favor del C.R.E.F.F., que venció por 45-41 a las gallegas del Tabaquero. El día 1 de Mayo, fueron el equipo madrileño y el catalán los que disputaron la final y después de un igualadísimo y emocionante encuentro, el C.R.E.F.F. se alzó con la victoria por un solo punto de diferencia, 45 a 44, dándole derecho a participar en la Recopa europea, en representación de España. El OM jugó con el Tabaquero por el 3º y 4º puesto y perdió por 36 a 57, lo que hizo que, una vez más, ocupara el farolillo rojo de la competición y quedara en evidencia la falta de una liga canaria fuerte e igualada, que fogueara y curtiera, de un modo más contundente, al equipo ganador.

En el plano individual, dos de nuestras jugadoras quedaron máximas encestadoras del torneo: Charo, con 43 puntos y Ángeles, con 30, en el total de los dos encuentros. El balance final de esta experiencia al más alto nivel deportivo fue de un éxito total. En los cuatro partidos, la asistencia de público entusiasta y entendido fue masiva y este hecho, en categoría femenina de cualquier especialidad, es lo mejor que puede ocurrirle a quienes lo practican. Se convierte en una emoción poco fácil de describir y estoy segura de que es lo que mejor recordamos todas las que allí lo vivimos.

Para completar esta temporada tan especial, contarles que nuestra compañera Charo fue designada por la Federación Provincial Mejor Deportista de Baloncesto de las Temporadas 70-71 y 71-72 y que, en esta última, la Junta Provincial de Educación Física y Deportes, la proclamó, además, Mejor Deportista Provincial. Esta distinción para una mujer que hacía deporte federado, era la primera vez que se daba y, a partir de entonces, se ha mantenido hasta hoy. En las ediciones anteriores, sólo se había designado a una figura masculina, lo cual hace más valioso el significado de la elección de Charo Borges. Junto a ella, como mejor deportista entre los varones, resultó elegido Ángel Luis Arbelo, joven y brillante tenista que iniciaba triunfos internacionales, por aquellas fechas. Decía nuestra compañera, que todos aquellos dislates relatados en la
entrada anterior, se vieron ampliamente compensados con el nombramiento recibido en su tierra y del que siempre se sentirá muy orgullosa y agradecida.

Una de las imágenes que ilustran este post, muestra el momento de la presentación del partido OM-Picadero, apreciándose la gran cantidad de público asistente. Las otras dos recogen la felicidad de la deportista, al ser nombrada la mejor de su provincia.

jueves, 18 de marzo de 2010

Los otros despropósitos

Como ya les avancé, estuve muy cerca de la compañera que, por primera vez en Canarias, alcanzó el entorchado de internacional al ser llamada para formar parte de la Selección Nacional de baloncesto femenino. Recuerdo lo desconcertada y entristecida que se encontraba cuando le dieron la noticia, porque creía que no tenía que ser ella la destacada sino su buena compañera Ángeles García. No en balde, cinco años antes, Ángeles había sido campeona de España de la 2ª División, con el legendario Mª Auxiliadora, y en varias fases finales, máxima encestadora de los torneos. Hoy me cuenta ella misma que, junto a Conchy Ramírez, apareció en algunas listas de preseleccionadas anteriores, pero que nunca cuajaron esas inclusiones. Charo parecía un alma en pena, lamentando continuamente el olvido que, según ella, sufría su excelente compañera. Lo único que la consolaba era pensar que, quizá, lo que hizo que el Sr. Lluis Cortés se fijara en ella, fueran su salto en suspensión y su fuerza física, más potente que la de Ángeles. Solía decir con insistencia que, para ella, supuso “una inesperada experiencia”, de las que no se olvidan jamás. Por lo sufrida y trabajada y por lo hermosa y enriquecedora. Una de esas vivencias inolvidables que pocos deportistas llegan a disfrutar. Como es natural, su nombre apareció publicado en todos los medios deportivos del país, dentro de la relación de jugadoras seleccionadas, pero, sobre todo, por el insólito y exótico hecho de proceder de unas islas, apenas recordadas en aquellos tiempos por su lejanía e incomunicación. Sólo había un vuelo diario hasta la capital de este país, con la única línea aérea de entonces.
Cuenta mi compañera que, en el acto de recepción que les hizo la Española en el lujoso Salón de convenciones del hotel en que residieron, el entonces presidente, D. Anselmo López (fallecido recientemente) les dirigió unas palabras para advertirles, de manera tajante, que si no se ganaba a Australia, no se participaría en ninguna competición oficial de las existentes en el calendario internacional de la siguiente temporada. Recuerda cómo, aquella amenaza, indignó, en especial, a las jugadoras del C.R.E.F.F., más veteranas y avezadas en temas e historias de selecciones pasadas. Comentaban con qué desfachatez y cinismo, se pretendía que doce jugadoras procedentes de diversos equipos y rincones de España, después de finalizada la temporada oficial, consiguieran, con sólo unos pocos días de convivencia y trabajo en común, formar un conjunto sólido y compenetrado, que venciera a otro que venía mucho más rodado y preparado y con sus componentes conviviendo y entrenando juntas, más de mes y medio. Pero, antes de presenciar y vivir en sus carnes todo lo anterior, ya comenzaron aquí, en su tierra, los primeros despropósitos.
Charo, en esas fechas, terminaba el último año de sus estudios y cuando comunicó a sus profesores que había sido seleccionada y tenía que desplazarse a la Península para estar en Madrid ocho días, la condición para dejarla marchar fue la de que tenía que dejar presentados, antes de irse, todos los trabajos de fin de carrera, uno por cada materia. Si no lo hacía, el aprobado final corría peligro. Por lo visto, toda su trayectoria anterior no servía de nada ante una situación extraordinaria y puntual. Nunca faltó a clase en los cinco cursos de su especialidad y siempre llegaba puntualmente. Estaba becada y, para seguir estudiando, necesitaba mantener una beca para la que le exigían aprobar cada curso en Junio y tener una nota media de notable, cosa que siempre consiguió. Regresaba de su corta estancia peninsular el 3 de Junio, sólo había diez alumnos en ese último curso y los profesores no tenían que dar las calificaciones definitivas, antes de la penúltima semana de ese mes. Está claro que nadie le facilitó la ida y que sólo pretendieron ponerle obstáculos. Ella recuerda, con cierta amargura, que ni uno solo de sus profesores la felicitó por aquella distinción.
Para seguir con más detalles disparatados, contarles que cada jugadora seleccionada recibió, de manos de Begoña, la Delegada, un sobre que contenía 800 ptas. como dieta por su estancia en Madrid, 100 por día. Los varones de la Selección masculina absoluta de la misma temporada recibieron 1.200 ptas. ¡¡por día!!, cada uno. Cierto es, que la Delegada de las chicas, cuando salían juntas a dar una vuelta por los alrededores del hotel, no las dejaba pagar los cafés, refrescos o chucherías que consumieran. Una noche, después del entrenamiento, fueron invitadas, por la Federación, a ver una obra de teatro, “Pato a la naranja”, una divertida comedia inglesa protagonizada, en aquella ocasión, por Arturo Fernández y Rosa Valenti. Seguro que con los chicos ocurrió lo mismo, a pesar de la ostentosa diferencia de sus dietas. Una vez más, ¡viva la discriminación por género!. Actualmente, las dietas están más equiparadas, pero esa discriminación, tristemente, sigue dándose.
Para acabar con esta serie de despropósitos que vivió nuestra compañera, una última perla: el 26 de Marzo de 1974, recibió una carta de la Federación Española de Baloncesto comunicándole que había sido preseleccionada, junto a veintiuna jugadoras más. De ellas, se escogerían dieciséis que se iban a concentrar en La Coruña, desde el 10 hasta el 24 de Abril para elegir a las doce componentes definitivas. Éstas últimas, disputarían el Preeuropeo de aquel entonces, que iba a tener lugar en la mencionada ciudad entre el citado 27 y el 1 de Mayo. En esa temporada, el equipo de Charo, el OM, por primera vez no quedó Campeón de Canarias y, por lo tanto, no participó en la Fase Final de la categoría, que se celebró del 4 al 7 de Abril, en Madrid. El 6 de Abril, recibió un telegrama de la misma Federación que la convocó en un principio, en el que se le decía que no estaba incluida en la preselección y que no se presentara en la capital del país. Esa decisión tan arbitraria fue tomada sin haberla visto jugar y sin informarse sobre cuál era su estado de forma. Se pueden imaginar el disgusto y la decepción de nuestra baloncestista, ante tamaña injusticia.
Estas historias de la compañera, probablemente, las vivieron otras mujeres deportistas de la época y, sin duda, son muestras del desprecio y poco respeto que entonces había hacia ellas. Sin embargo, lejos de desanimarse, continuaron en la brecha y en la lucha y fueron, probablemente también, el embrión y la referencia para las que, más tarde, tomaron el relevo en condiciones mejoradas y con una mayor consideración hacia su papel de mujeres dedicadas seriamente a la práctica de algún deporte.
Las imágenes de hoy muestran otro momento de la Selección, con Charo en el séptimo lugar, de delante hacia atrás; uno de sus tiros en suspensión, durante un encuentro celebrado en Santa Cruz, y el viejo sobre que contuvo las 800 ptas. de dietas y que ella conserva como una singular anécdota.

lunes, 8 de marzo de 2010

La Selección

Vayamos por partes. La primera, estrictamente oficial, la que recogen las hemerotecas y los amarillentos recortes de periódico de mi compañera. La segunda, la meramente humana, la desconocida, la que para mí, al menos, resulta más interesante porque no tiene desperdicio. Esta última, la dejaremos para un próximo relato.
Por primera vez en este Archipiélago, una jugadora canaria fue llamada para formar parte de una Selección Nacional Absoluta. En este caso, de baloncesto. Desde que se supo la noticia, se mostró muy sorprendida, porque jamás pensó que nadie se fijara en ella para tan alto honor. De hecho, creo que ninguna de nosotras sabía que, en el torneo de la Fase Final de Cáceres, estuviera presente el Seleccionador nacional, José Lluis Cortés. Lo supimos más tarde. Precisamente, cuando se dio la lista de jugadoras elegidas y, entre ellas, estaba Mª del Rosario Borges Velázquez. Charo, para familiares, amigos y compañeros.
En esa relación, además de ella, aparecían Amparo Couchoud, Esperanza Bernáldez, Pepa Senante y Coro Domínguez, por el equipo campeón, el C.R.E.F.F. de Madrid; Carmen Famadas, Joaquina Cot y Olga Martínez, por el Ignis Mataró de Badalona; Piedad Parrondo, por el Medina de Madrid; Mary Carmen Martínez, por el Celta de Vigo; Neus Bartrán, por el Picadero de Barcelona y Francisca Rotger, por el Medina de Baleares.
Fueron convocadas por la Federación Española de Baloncesto, en el Hotel Colón, de Madrid, para concentrarse sólo ocho días antes de celebrar su primer encuentro, un partido amistoso con la Selección Nacional de Australia, que pasaba por la capital del reino, de regreso a su país, después de haber participado en el Campeonato Mundial de aquel año de 1971. De un total de trece selecciones, fueron octavas en la clasificación final y llevaban juntas, entre los preparativos del torneo y su celebración, más de treinta días. Las nuestras estaban inactivas desde primeros de Mayo, ya que las competiciones de esa temporada habían finalizado.
El partido se celebró el 2 de Junio de ese año, a las 5 de la tarde, en la cancha de baloncesto del Club Natación Canoe, de Madrid, y fue televisado para toda la península, con la duda de si lo sería también para Canarias, hecho que hasta última hora, no se decidió. Al final, sólo se nos retransmitió la segunda parte.
Con este panorama tan desequilibrado ocurrió lo más lógico: se perdió por 21 puntos de diferencia, 32 a 51. Las españolas sólo aguantaron el primer tiempo, quedando en el descanso sólo a 7 de las australianas. El exceso de entrenamientos, tres horas por la mañana y dos por la tarde durante ocho días seguidos, hizo estragos en todas las jugadoras y en la segunda parte hubo debacle total. Además, nuestra internacional paisana tuvo la mala suerte de sufrir una pequeña luxación en el tobillo externo de su pie izquierdo, en una de las sesiones de trabajo y, aún así, hubo de jugar durante bastantes minutos.
Si a ese inconveniente se añadía el rodaje del conjunto visitante, su mayor altura (una media de 1’75 m. frente al 1’60 de las nuestras) y la presión de saber que el partido se televisaba, lo que allí sucedió era de esperar.
En diez días de campeonato mundial, las australianas habían jugado más partidos internacionales que las españolas en toda su trayectoria, iniciada en el año 1963. En esos ocho años, sólo se habían celebrado ¡¡ocho encuentros!!. La única jugadora de las nuestras que había disputado todos esos partidos era Pepa Senante, excelente base de tan sólo 1´59 m. de altura. Amparo Couchoud, Esperanza Bernáldez, Chata Parrondo, Carmen Famadas y Neus Bartrán, lo habían hecho en cinco y las seis restantes seleccionadas lo eran por primera vez. Entre ellas, Charo.
La prensa especializada que cubrió los avatares diarios de aquel sufrido grupo de baloncestistas coincide en la gran entrega y coraje de todas, pero también en lo injusto de exigirles, desde la Federación Nacional, una victoria, en aquellas condiciones, como requisito para acudir a otros compromisos oficiales, resaltando, además, lo desatendido que estaba el deporte femenino de aquellos años para poder afrontar, dignamente, cualquier competición. La más inmediata era el Preeuropeo de 1972 y, como se había advertido, no se acudió por no haberle ganado a Australia. Hasta 1974, no se convocó otra Selección, la que participaría en el Preeuropeo de aquel año y que tuvo lugar en La Coruña.
Si todo lo que aquí les he contado, les parece un dislate y un despropósito difíciles de superar, esperen a la próxima entrada. Verán cómo se puede rizar el rizo bastante más. Menos mal que los tiempos han cambiado y, en esto del deporte, para bien. Afortunadamente.
En la fotografía de la Selección, aparecen, en la fila de arriba y de izquierda a derecha: el entrenador, José Lluis Cortés, Piedad Parrondo, Esperanza Bernáldez, Coro Domínguez, Francisca Rotger, Joaquina Cot, Amparo Couchoud y Begoña, representante de la Sección Femenina y Delegada de la Selección. En la de abajo y en el mismo sentido, Charo Borges, Neus Bartrán, Pepa Senante, Mary Carmen Martínez, Carmen Famadas y Olga Martínez.
Es ésta la segunda foto a color que acompaña a una de mis entradas y no serán las únicas. También en esto de las fotografías, el cambio de los tiempos ha servido para mejorarlas.

sábado, 27 de febrero de 2010

Final feliz

Como ya anticipé en la entrada anterior, el plante de última hora del, hasta entonces, entrenador, Juan José Rodríguez Pinto, lo resolvimos armándonos de valor, encomendándonos a todos los dioses y formando una pequeña comisión de jugadoras para que hablara con Jerónimo. Le expusieron la situación, le pidieron disculpas y comprensión por lo ocurrido cuando la D.I.S.A. puso aquellas condiciones y, con gran alegría por nuestra parte, accedió a lo que le pedíamos.
Resuelto felizmente el tema de la dirección técnica, nos dispusimos a emprender viaje hacia Cáceres. Como solíamos hacer, llegamos allí tres días antes de la competición por aquello del largo camino que teníamos que iniciar desde Canarias. En aquel entonces, prácticamente, se dedicaba una jornada al traslado. Una vez en el aeropuerto de Barajas, teníamos que desplazarnos a la antigua estación del Norte, en Madrid, para coger el tren que nos llevaba hasta Cáceres y, al igual que cuando estuvimos en Salamanca, ese trayecto también duró mucho tiempo por lo lento de la marcha y las numerosas paradas. Nos alojamos en el Extremadura Hotel, instalación muy confortable y rodeada de amplios y coquetos jardines.
La celebración de aquel torneo fue un acontecimiento deportivo de primer orden, para aquella ciudad. En todos los medios de comunicación y a diario, se hablaba de lo que se relacionara con la competición. Recibieron a todos los conjuntos que participábamos, en un magnífico acto de bienvenida celebrado en el Pabellón Polideportivo Municipal y con la asistencia de autoridades deportivas nacionales y locales. Los equipos participantes, además del nuestro, fueron el Ignis Mataró, como representante catalán, el Medina de Baleares y el C.R.E.F.F. de Madrid, vigente Campeón de la máxima categoría femenina que, también en esta ocasión, volvería a revalidarlo.
Como también solía ocurrir en nuestras intervenciones nacionales, volvimos a ser las últimas al no ganar ningún encuentro, aunque en esta ocasión perdimos por menos diferencias, 15 puntos frente al Mataró y sólo 3, con el conjunto balear. Fue por el sistema de eliminatorias y, por ello, sólo disputamos dos partidos. La falta de una liga canaria fuerte y más igualada, se dejaba sentir en esa competición al más alto nivel. Era el momento de la verdad y pagábamos duramente aquel precio. En el plano individual, hubo dos hechos que nos compensaron bastante. Ángeles García volvió a ser la máxima encestadora de la Fase, sumando 38 puntos con los dos partidos y Charo Borges fue elegida para formar parte de la Selección Nacional Absoluta que habría de afrontar futuros compromisos. En próxima entrada, contaré cómo le fue a esta compañera en su “inesperada experiencia”, como ella misma decía.
Para ilustrar este post, sirvan estas imágenes: una que recoge un momento del acto de recepción que nos brindó la empresa concesionaria de OM, antes de iniciarse la temporada, y en la que nos acompaña D. Alfonso Santaella (q.e.p.d.) y otro directivo de la citada empresa; otra, del conjunto al completo, realizada en Cáceres, con Jeromo supliendo la baja de Pinto. La tercera fotografía fue sacada aquí, en nuestra capital, y en ella, Martita, hija de Marta, entrega un ramo de flores a Mary Santpere, actriz cómica catalana, ya fallecida, que venía con el Circo Price. Nos invitaron al espectáculo y acudimos equipadas con nuestra vestimenta deportiva, porque la intención era, además, promocionar nuestro equipo de baloncesto y hacer publicidad de la firma patrocinadora. Nos acompañaron parte de nuestras familias y el presidente del club, D. Epifanio García.
Tanto la primera como la última imagen, representan situaciones que fueron muy especiales para nosotras, porque dan fe de un status muy diferente al que habíamos vivido hasta entonces. Era la primera vez que nos sentíamos un equipo importante, al que se le recibía con todos los honores allá donde fuéramos y al que se invitaba a participar en inauguraciones, torneos amistosos o actuaciones de diversa índole.
Esa es, por lo menos, la sensación que yo conservo de aquella larga relación sin contratos, entre un grupo muy consolidado en la práctica del baloncesto y una empresa comercial que se estrenaba en aquella función de mecenas deportivo.

jueves, 18 de febrero de 2010

Desagradable sorpresa

Finaliza el verano de 1970 y el entrenador nos convocó para comenzar la pretemporada de la 70-71. Como casi siempre, se incorporan nuevas caras y, por lo tanto, nuevas amigas. En esta ocasión, fueron Andrea Rivero, Marta Marrero, Mary Carmen Brito y Vicky Rancel, que ya formó parte del conjunto en el desplazamiento a la Fase Nacional de Salamanca, sustituyendo a Ángeles Llaneza que no pudo ir por motivos de salud. Sólo dejó el equipo, Mary Carmen Núñez y, por primera vez, contamos con doce jugadoras para afrontar la nueva temporada.
De igual modo, el número de equipos para disputar la Liga provincial se incrementó. En el espacio de cuatro años se duplicó y ocho fueron los participantes federados. Provenían de colegios, sociedades recreativo-deportivas, empresas y Sección Femenina y se repartían por distintos puntos de la isla de Tenerife. El Náutico, Pureza Kaiser, Medina de Santa Cruz y el nuestro, pertenecían a la capital; el Hércules y otro Medina, a Icod de los Vinos; en Los Realejos estaba el San Agustín y, por último, el Canarias, en La Laguna. Quizá, el hecho de que nuestro equipo se mantuviera con buenos resultados y de que los medios de comunicación se hicieran eco de nuestros éxitos, incentivó la afición en otras jóvenes que demandaban organizarse en conjuntos bien preparados, con buenos entrenadores al frente y en instalaciones, en la mayoría de los casos, muy dignas y adecuadas para la práctica de este deporte. La conjunción de todos estos factores favorables llevó a que, en la temporada siguiente, la Federación Española designara a esta ciudad como sede para la celebración de la I Copa femenina del Generalísimo. Pero, este gran evento será tema para una próxima entrada.
Casi como una costumbre ya, volvimos a quedar campeonas imbatidas en la provincia y en la región con un total de 1032 puntos a favor y 447 en contra, en dieciséis encuentros disputados y Ángeles García y Charo Borges volvieron a ser las dos primeras de las cinco máximas encestadoras de la Liga, con 395 y 350 puntos, respectivamente. Esos números nos llevaron a ser, de nuevo, representantes del Archipiélago, en la Fase Final Nacional.
Esta vez, fue Cáceres la ciudad que la acogió. Cuando llegó el momento de los preparativos para irnos, el entrenador, Pinto, nos dijo que no nos acompañaba. En su trabajo no le daban permiso para marcharse y sólo si pedía aquellos días sin sueldo, se lo concederían. Habló con la empresa que nos avalaba, la OM, para que se hicieran cargo de la pérdida económica que a él le suponía y declinaron ayudarle, porque el acuerdo inicial de su patrocinio no incluía el pagar nada a ningún componente del equipo.
Para nosotras supuso un gran mazazo a nuestras ilusiones y, antes que renunciar a la participación en la última Fase, que con tanto esfuerzo habíamos logrado, nos pusimos manos a la obra para buscar un entrenador que supliera a Pinto. La cosa no fue fácil porque tenía que ser alguien que conociera bien nuestro juego, no tuviera trabas laborales y estuviera dispuesto a viajar con nosotras, para dirigirnos en esos últimos encuentros. Todas coincidimos en que, de varias posibilidades, la más idónea era la de Jerónimo Foronda, pero no nos atrevíamos a pedírselo. No en balde, él se había retirado de nuestro equipo, cuando la condición para seguir jugando y hacerlo bajo el nombre de D.I.S.A., fue que el entrenador tenía que ser Pinto y nosotras lo aceptamos, sin más objeción.
Como esta temporada fue bastante convulsa, sobre todo, por este disgusto de última hora y se hace muy largo contar todas las incidencias habidas, completaré el relato en la entrada siguiente. Como imagen, valga una realizada en los comienzos de la Liga provincial y en la que aparece la plantilla al completo.

martes, 9 de febrero de 2010

Fuera de la competición

Si este grupo de personas dedicadas a la práctica del baloncesto, se mantuvo durante mucho tiempo, fue porque antes que un equipo deportivo, era un gran grupo de amigos.
Aprovechábamos cualquier período de descanso (Carnavales, Semana Santa, verano, puentes…) para irnos unos días a Las Américas o a Ten-Bel. Alquilábamos dos o tres apartamentos grandes y allí nos instalábamos con maridos, hijos, novios y pretendientes. Pasábamos unas jornadas inolvidables de piscinas, playa, juegos de mesa, comidas compartidas, y distendidas y divertidas charlas sobre lo humano y lo divino. De baloncesto, creo recordar que mucho no solíamos hablar. Para eso estaban los entrenamientos… También los cumpleaños y los santos fueron pretexto para reunirnos en casa del que lo celebraba o para irnos a comer a algún restaurante.
Cuando viajábamos, los pocos ratos libres que teníamos los aprovechamos para conocer los alrededores del hotel en que nos alojábamos. Cámara en mano, las que éramos aficionadas a coleccionar imágenes de los sitios a los que fuimos, nos hicimos con un buen bagaje que, hoy, refuerza nuestra memoria visual y a mí, además, me sirve para ilustrar mis relatos.
Cuando la Fase Nacional acababa, a algunas nos gustaba quedarnos, por cuenta nuestra, uno o dos días más para visitar algún museo, unas cuantas tiendas, alguna discoteca o, simplemente, callejear para conocer mejor la ciudad. Durante toda la temporada, las que estudiábamos, procuramos ahorrar un dinerillo de lo que ganábamos dando clases particulares de cualquier asignatura o de nuestro deporte. Hubo colegios que nos contrataban para enseñar los fundamentos técnicos a su alumnado. Alguna compañera, incluso, trabajó en el estudio de un ingeniero industrial de esta capital, ayudando al delineante jefe a dibujar los planos para el primer gran proyecto de iluminación de las calles y barrios de Santa Cruz. Esa independencia económica nos permitía aquel pequeño gusto. No todo iba a ser estudiar, trabajar, entrenar y competir.
En las estancias en Madrid, nos dimos un paseo por el diminuto zoológico que, entonces, había en el Parque del Retiro. Fuimos a la Ciudad Universitaria a ver a hermanos y a compañeros de carrera, que terminaban sus estudios por allá. Entrar en el Metro y subirnos en él, fue otra de las experiencias novedosas para las que viajábamos por primera vez. Visitar algunas salas del Museo del Prado y comprar, primero, en Galerías Preciados y, más tarde, en El Corte Inglés, también eran citas obligadas. De ellos, nos llevábamos algún caprichillo para nosotras y algunos recuerdos para la familia. Otro rito incuestionable era ir a cafeterías como Zahara, para comer exquisitas fresas con nata; a Manila, a disfrutar con finos churros de argolla y chocolate a la española o a Rodilla, para saborear la variedad de sándwiches que ofrecían.
Para cerrar estos días tan intensamente aprovechados, el broche de oro lo poníamos en la discoteca “J & J”, muy de moda en aquella época y situada en la Gran Vía, a la altura de Plaza de Callao. Desapareció hace unos cuantos años y sus propietarios eran Juan y Junior, componentes del mítico grupo “Los Brincos”, primero, y, después, un dúo de música pop muy famoso e ídolo de la juventud del momento. Cuando se separaron, Juan es el Juan Pardo que, aún hoy, sigue componiendo y produciendo a otros cantantes y Junior es Antonio Morales, el viudo de Rocío Dúrcal, muy de actualidad en estas fechas por los líos de familia que, generalmente, se organizan por culpa de un testamento más o menos suculento.
Felizmente agotadas por todo este trote, regresábamos a nuestra tierra con los ojos, el corazón, el alma y la maleta repletos, hasta los topes, de vivencias que, como están comprobando, nunca se olvidan. Las fotos que dan fe de algunos de los momentos vividos, son en blanco y negro, pero, en nuestra memoria, permanecen llenos de luz, color y alegría. Todo un remate de lujo para unas temporadas de mucha entrega, dedicación y trabajo duro.
Después, serían Salamanca, Cáceres, Segovia, Alcoy, Valencia, Barcelona, La Coruña, Vigo, San Sebastián… las ciudades que tuve el privilegio de conocer gracias al deporte de mis amores. Pero, esas, serán próximas historias para contar…