miércoles, 29 de septiembre de 2010

Se inicia la competición

Ya dije que la pretemporada de estreno en la máxima categoría femenina, en contra de lo que suele ser habitual, la hicimos durante el mes de Julio. Fue dura, pero muy gratificante porque se comprobó que éramos capaces de cumplir con lo que esta Primera división exigía: trabajo y esfuerzo; más trabajo y más esfuerzo.
En ese tiempo hubo, además, un entrenamiento especial y más intenso para tres compañeras, llamadas por el seleccionador nacional, José Mª Solá, para una concentración a celebrar en aquel verano. Esta dosis extra de trabajo les tocó a Marichu, Mele y Catere. Las tres estaban aún en edad junior, pero eran candidatas a entrar en la Selección absoluta, que tenía que formarse en esos meses.
Descansamos en Agosto, volvimos en Septiembre y, en Octubre, antes del comienzo de la competición, jugamos un partido amistoso con el Marítimo Atlántico, del Grupo Canarias, de la 2ª División nacional. Fue un encuentro preliminar al Náutico-Castellar de la División de Honor masculina, y lo ganamos, sin grandes dificultades, por 47-31.
Días más tarde, llegó el momento de la verdad. El 24 de Octubre de 1976 fue la fecha del primer partido celebrado por el primer equipo canario femenino, que se ganó, muy a pulso, el derecho a participar en la Primera División nacional. En el plano deportivo, podría decirse que es una fecha histórica porque fue el pistoletazo de salida que permitió dar a conocer, por todo el territorio español y durante toda una larga temporada (al menos), cómo se jugaba, a esto del básquet, por estas latitudes tan alejadas de la piel de toro. En estricta justicia, ya el Mª Auxiliadora y sus posteriores variantes en el nombre, habían mostrado y demostrado con creces y durante muchos años, la calidad del juego practicado en las islas, pero su ámbito se redujo, siempre, a las concentraciones de final de temporada, para celebrar las Fases encaminadas al ascenso o para jugar las copas del Generalísimo.
El debut fue lejos de nuestra tierra, en uno de los puntos más distantes posibles: en la ciudad de La Coruña y para enfrentarnos al conjunto del Tabacalera. Viajamos con la ilusión propia de quienes lo hacen para descubrir un mundo nuevo, pero expectantes y preocupadas por la responsabilidad que estábamos contrayendo: representar al Archipiélago en la competición de más alto nivel. Salimos el sábado 23, muy temprano, desde Los Rodeos, vía Madrid y, una vez allí, embarcamos en otro avión con destino Santiago de Compostela y, luego, una guagua nos trasladó hasta Coruña capital, a unos 70 km. del aeropuerto gallego. Nos alojamos en el Hotel Riazor, a escasos metros de la playa del mismo nombre y muy cerca, también, del entonces flamante y recién estrenado Estadio de Riazor, en cuyo pabellón cubierto tendríamos el partido con las coruñesas. Esa misma tarde y sin apenas descanso, tuvimos un entrenamiento suave, sobre todo, para familiarizarnos con la instalación en la que jugaríamos a media mañana del día siguiente.
Éramos uno de los dos equipos recién ascendidos y, como suele ocurrir a los noveles, cuando se enfrentan a conjuntos experimentados, pagamos el precio de serlo, perdiendo por 46 a 32. El equipo coruñés, aunque estaba en un momento de inclusión de savia muy joven y nueva, aún contaba con unas cuantas eficaces e ilustres veteranas. Entre ellas, las hermanas Gómez de Frutos, Maribel y Merche, internacionales en muchas ocasiones, y viejas conocidas de quien redacta esta crónica, cuando jugaba en el OM. Ambas, vinieron a Santa Cruz, en la temporada 71-72. Fue con motivo de la celebración de la I Copa del Generalísimo y ya jugaban en este mismo conjunto, aunque entonces se llamaba Tabaquero. Aunque, como equipo, no se lucieron en su juego, sí hicieron lo suficiente para imponerse a nuestra lentitud, imprecisión y nerviosismo, lo que llevó a que vencieran sin grandes dificultades. Una vez finalizado el encuentro, partimos, desde aquel enorme y frío Palacio de los Deportes, de regreso a nuestras casas.
Desanduvimos todo el recorrido que habíamos iniciado a tempranas horas del día anterior, el sábado, y con este primer desplazamiento, ya tomamos conciencia de la cantidad de horas que habríamos de emplear para llegar a cada una de las sedes de los distintos equipos de la categoría. A pesar de ello y de la primera derrota, nuestro entusiasmo y nuestra ilusión por ir mejorando, no decayeron.
Como imágenes ilustrativas de este debut agridulce, vaya una foto del grupo, a la entrada del hotel, y en la que también está el padre de Marichu, D. Antonio Hernández Laverny (q.e.p.d.). Nos acompañó en su calidad de vocal de la Junta Directiva del C.B. Krystal. También aparece una panorámica de la playa de Riazor, en la que puede apreciarse la enorme cubierta del Palacio de Deportes de La Coruña, aledaño al recién inaugurado Estadio de Riazor, formando parte de sus modernas instalaciones, y en el que jugamos nuestro primer encuentro “primerdivisionario”.

lunes, 20 de septiembre de 2010

¡¡ Y ocurrió !!

En el último párrafo del post Encuentros en otros tiempos, decía que, pasado Agosto, intentaría ponerme en contacto con algunas de mis compañeras del Krystal, para hablarles de la existencia de esta bitácora y precisar, con ellas, algunos detalles que contribuyan a enriquecer todo aquello que vaya rescatando mi memoria. El párrafo termina así: “Espero que, además de una sorpresa, sea un buen motivo para recuperar los recuerdos de aquellas experiencias que vivimos en común y, quién sabe, si el pretexto para volver a reunirnos. Me gustaría que así ocurriera.”. ¡Y ha ocurrido, amigos lectores, ha ocurrido!, y hoy, hace, exactamente, una semana.
En los primeros días de Septiembre probé suerte con Marga Máiquez, de la que sabía que, después de las vacaciones, volvía al trabajo en su farmacia. Allí la localicé y quedamos, dos días después, para explicarle lo que quería. Con gran alegría, por mi parte, me dijo que iba a reunirse en su casa, el lunes siguiente, con siete amigas y compañeras de aquel ilustre equipo, y que yo no podía faltar a aquel encuentro. Sin pensármelo mucho, acepté encantada y sorprendida por la feliz coincidencia. Ahora pienso que mi deseo de verlas, de nuevo, debió de influir, en alguna medida, en los hados del destino y de las citas.
Además de Marga, estaban Bea, Marichu, Mariajo, Merce, Conchy, Mercy y Pame. Aunque la reunión era para comer, yo decliné mi asistencia porque no podía, y me incorporé en el momento de la sobremesa. A todas las encontré fantásticas y todas muestran una serena y atractiva madurez, dada por el buen paso del tiempo. Con sus obstáculos y sus oportunidades, con sus tristezas y sus alegrías. Con la vitalidad de entonces y más divertidas que nunca... Del mismo modo que lo hacíamos en nuestra época deportiva. Aceptando las cosas como venían y llevándolas con el mejor espíritu constructivo.
Margarita les había adelantado el motivo de mi presencia y, claro, las anécdotas, las situaciones jocosas, las difíciles, las que nos hacían reír o llorar… salieron a borbotones. Tomé nota de todo lo que quería aclarar y de aquello que no recordaba, pero que al nombrarlo alguna, enseguida acudió a mi memoria también. Llevé, además, parte de los álbumes que poseo con recortes periodísticos y fotografías, y fue un acierto hacerlo, porque se convirtió en otro de los motivos que hicieron que nos divirtiéramos aún más, comentando, especialmente, el contenido de las crónicas.
Como no podía ser de otro modo, nos hicimos muchas fotografías, para dejar constancia de la estupenda tarde pasada, reviviendo experiencias comunes. Fue un rato entrañable y, además, se produjo lo que yo deseaba: despertar muchos de los momentos vividos, codo con codo. Nos despedimos hasta una próxima reunión, con la promesa, por parte de las hermanas Marrero, de traernos una película que, en su día, nos grabó D. Carlos Marrero, padre de ambas, miembro de la primera junta directiva del club y fan nº 1 de sus hijas y del equipo. Como casi siempre, será Conchy, con sus naturales dotes de relaciones públicas, quien nos convoque.
Para ilustrar este post, que da fe del ansiado y feliz encuentro, vayan unas imágenes que demuestran, sin duda, las buenas horas que pasamos juntas.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Los comienzos en Primera

Empezamos a entrenar desde el primer día del mes de Julio del 76, lo que para las recién ascendidas supuso un sobreesfuerzo, ya que casi enlazaron el torneo del ascenso con el inicio de la preparación para la siguiente temporada. Teníamos sesiones para conseguir el físico indispensable para tan larga competición, y horas de práctica constante e insistente, de fundamentos básicos para la técnica individual y de conjunto.
El fondo y la fortaleza físicos los adquiríamos asistiendo, dos veces por semana, a la playa de Las Teresitas y a las afueras de La Laguna. Recuerdo que Antonia nos citaba muy temprano, en la playa santacrucera, para evitar el sol más intenso. Después de los preceptivos estiramientos iniciales, recorríamos dos o tres veces, a trote ligero, los casi dos mil metros lineales de arena. En aquel entonces, con la tercera parte de bañistas de los que acuden hoy en día. Terminábamos en el fondo, donde apenas había nadie, con trabajo gimnástico para fortalecer las piernas y desarrollar el equilibrio. Cerrábamos la hora y media de ejercicio al aire libre, con juegos, de dos en dos, encaminados a obtener resistencia, reflejos y velocidad. Todo aquello era agotador, porque el hecho de hacerlo en la arena aporta un esfuerzo, casi doble, del que se realiza en superficies más consistentes.
Cuando acudíamos a La Laguna, corríamos, campo a través, por los solares que hoy ocupan numerosas viviendas, en las zonas aledañas al estadio de La Manzanilla y al colegio Luther King. Incluso, más de una vez, subimos y bajamos constantemente las altas gradas de cemento de la cancha exterior de este colegio, con el fin de fortalecer, aún más, nuestras piernas. Cómo es fácil suponer, terminábamos con la lengua fuera. A todo esto, se unían tablas de durísimos ejercicios gimnásticos, a las órdenes de Pedro López, nuestro preparador físico en aquellas dos primeras temporadas en la máxima división.
Es tradicional y conocida, entre jugadores de deportes de conjunto, la poquísima afición que suele haber hacia la práctica de todo tipo de gimnasia y, para la inmensa mayoría de mis compañeras, el cumplimiento de aquellos ejercicios era un auténtico suplicio. Sin embargo, yo fui una rara avis,- un bicho raro, vaya -, porque no respondía a este patrón ni en el Krystal ni en mis anteriores equipos. Entonces y ahora, la gimnasia me apasiona y asistía, sin mucho esfuerzo y con bastante gusto, a las sesiones que se nos marcaban. Los tres días restantes de la semana, acudíamos a la cancha del Real Club Náutico para ejercitar el trabajo individual, insistiendo mucho en el tiro. La jornada terminaba con un partidillo entre nosotras.
En Agosto, se descansó y, en Septiembre, la tarea se dedicó a reforzar los apartados más tácticos, sin perder de vista la forma física con mucho correr y mucha gimnasia. Los entrenamientos, en las instalaciones del Náutico, eran a diario y a las 10 de la noche. Lógicamente, los equipos de la entidad tenían preferencia a la hora de usarlas. Terminábamos cerca de las 12 y llegábamos a nuestras casas, más allá de la medianoche. Las reglas de la competición exigían una cancha cubierta con piso de parquet, para celebrar los partidos y tanto en Santa Cruz como en La Laguna, sólo existía, entonces, la de esta Sociedad.
Está claro el grado de vocación y compromiso que demostramos en todo momento, cumpliendo a rajatabla con aquellas intempestivas sesiones de trabajo. No debe perderse de vista que las que estudiaban, volvían a clase a las 8 de la mañana, y que las que trabajábamos (Antonia; Edita, la Delegada, y yo), lo hacíamos a la misma hora. Además, en mi caso, mi profesión obligaba a horas de trabajo fuera de las aulas, para preparar clases, corregir y evaluar. Todo ello, trataba de solucionarlo después de comer y hasta poco antes de ir a entrenar. Los fines de semana alternos, había que desplazarse a la Península a jugar y pocas actividades de éstas, se podían resolver en aviones y guaguas, aunque más de una vez lo intenté. También recuerdo que mis compañeras estudiantes, en épocas de exámenes, cargaban con sus apuntes y aprovechaban los trayectos más largos, para repasarlos.
Cuando no existía esta obligación, solíamos jugar al Master Mind, que se puso muy de moda en aquellos años y ahora vuelve a resurgir en los colegios, como práctica matemática y memorística. También lo hacíamos al ajedrez, con pequeños tableros imantados, y al juego entre los juegos: las cartas.
Muchos de aquellos viajes transcurrieron en horas de madrugada. A veces, en medio de la lluvia o la nieve, y recorriendo carreteras interminables y llenas de curvas, hasta llegar a nuestros destinos. Por ejemplo, más de 400 km. para ir de Madrid a San Sebastián, cruzando el Puerto de Navacerrada, en aquel entonces, y con más de seis horas en una guagua sin muchas garantías de seguridad, o más de 300 y casi cinco horas, para llegar a Valencia, también desde Madrid. La gran mayoría de las veces, empleábamos más de dos tercios del tiempo que estábamos fuera, cada fin de semana, solamente en los traslados.
Siempre admiré a las compañeras que fueron capaces de continuar jugando en la División de Honor, unos cuantos años más, en estas condiciones tan poco atractivas y tan desfavorables para alcanzar buenos resultados en los partidos que se celebraban a miles de kilómetros de nuestra tierra. Por muy joven y fuerte que se fuera, aquellas palizas que representaban los traslados, minaban a cualquiera y, hoy, desde la perspectiva que da el paso del tiempo, reivindico para ellas y para las que nos retiramos primero, el reconocimiento que merecemos todas, por aquella continua demostración de verdadero y desprendido amor a un deporte.
En próximas entradas, iré detallando las incidencias de muchos de los encuentros jugados en la primera temporada en Primera y como imagen para la de hoy, una foto publicada en Diario de Avisos, en vísperas de iniciar la competición, y después de una sesión nocturna de entrenamiento.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Encuentros en otros tiempos

Antes de continuar con el relato competitivo, permítanme darles cuenta de otros momentos entrañables, que viví con alguna o con todas aquellas compañeras con las que tuve el gusto de jugar, durante tanto tiempo.
Después de unos cuantos años en los que sólo veía, muy de tarde en tarde, a alguna de las componentes del Mª Auxiliadora o del Krystal, dos Galas del Deporte hicieron que volviéramos a reunirnos. La primera fue en 1991 y tuve el placer de compartir, con Marichu Hernández Sánchez, el Premio de Leyenda Deportiva que nos concedió la delegación tinerfeña de la Asociación Española de la Prensa Deportiva, la A.E.P.D., presidida por el especialista en baloncesto del periódico El Día y autor del blog BASKETMANÍA, D. Agustín Arias. La distinción se hizo a todos los Mejores Deportistas, de nuestra provincia, de los veinte años que precedieron al 91. Ella lo fue de la temporada 1974-75, y yo, de la 1971-72. El acto tuvo lugar en el Casino Taoro de Puerto de la Cruz, nos pusimos en contacto y fuimos juntas a la cena de celebración de aquella Gala. Recuerdo haberlo pasado muy bien en su compañía y en la de Toñy Cejas, histórico pívot de aquel Náutico de baloncesto masculino que, también en la 1965-66, ascendió, por primera vez en Canarias, a la División de Honor. Con él, en 1970, se inició la serie de los Mejores Deportistas provinciales, que se mantiene hasta la fecha.


El segundo encuentro fue en 1998, cuando la Asociación de la Prensa Deportiva de Tenerife (A.P.D.T.), también bajo la presidencia de D. Agustín Arias, concedió el Premio Especial al Baloncesto Femenino. La distinción fue personificada por quienes fueron pioneros en algunos apartados de esta modalidad. Para ello, y cronológicamente, se convocó a las jugadoras que formaron parte del que fuera Campeón Nacional de la 2ª División, el Mª Auxiliadora, en la temporada 1965-66 y logrado, por primera vez, por un conjunto canario. También, a quien redacta este post, por haber sido la primera jugadora de este archipiélago que fue llamada a formar parte de una Selección Nacional Absoluta, la de la temporada 1970-71, y, por último, al equipo del Tenerife Krystal, con Antonia Gimeno al frente, que en 1975-76, ascendió a la División de Honor femenina, convirtiéndose, con ello, en el primer conjunto de estas islas, que lo conseguía.
Para mí, fue una ocasión muy especial, porque me sentí “triplemente” distinguida y, además, representando el nexo entre dos décadas de un baloncesto femenino canario, cada vez, más emergente. Aunque no pertenecí a la formación que se hizo con el campeonato de la 2ª división, entré a formar parte de este ilustre equipo en la temporada siguiente a la de su logro y, aunque tampoco estuve en el otro hito deportivo, el de subir a la máxima categoría femenina, fui parte integrante del Krystal en sus dos primeras temporadas en la 1ª División. Como se puede comprender, fue todo un honor para mí encontrarme, de nuevo, con todas las estrellas del mejor baloncesto femenino canario de aquellos diez o doce años. De paso, todo el acto en torno a este premio, supuso un merecido homenaje póstumo a quien fuera uno de lo grandes valedores de esta modalidad deportiva en estas tierras nuestras: Jerónimo Foronda Monje (q.e.p.d.). Las imágenes y las palabras que se le dedicaron, supusieron momentos muy emotivos, en particular, para quien fue su mujer y pupila, Ángeles García, y, en general, para el resto de las que tuvimos la oportunidad de ser enseñadas y dirigidas en la competición deportiva, por él y por toda su sabiduría en este deporte de nuestros amores.
En 2006, volví a coincidir con algunas de las compañeras del Krystal durante las jornadas de celebración del Campeonato de Europa femenino de selecciones U18, que se celebró en el pabellón Santiago Martín. Allí estaban las hermanas Marrero, Catere, Bea, Marga, Marichu y hasta Antonia Gimeno, que se vino unos días, para ver aquel gran evento. Por cierto, la Selección española quedó Campeona del continente al quedar primera de las dieciséis que participaron y, en ella, hizo un estupendo papel nuestra joven paisana, la pívot Laura Herrera.
Dos años más tarde, el motivo de encuentro no fue tan alegre y distendido. Volví a verlas en la misa de duelo del padre de Marichu, D. Antonio Hernández Laverny (q.e.p.d.). Como el equipo que fuimos, allí estábamos todas las que pudimos, para arropar a nuestra compañera en uno de sus peores momentos. Sé, a ciencia cierta, que lo agradeció en el alma.
Las imágenes de hoy muestran los trofeos recibidos en cada una de las Galas, el grupo de representantes del Mª Auxiliadora, en el momento de recibir el Premio Especial de 1998, y una de las formaciones del Tenerife Krystal, cuando era Asunción Fanta, en la temporada 73-74.
En cuanto pase Agosto, el mes por excelencia de las vacaciones, me pondré en contacto con todas las que pueda, (de mi último equipo), para invitarlas a visitar estas entradas, que hablan de ellas, y para pedirles ayuda en algunos detalles que me gustaría perfilar, antes de que lleguen a ustedes. Espero que, además de una sorpresa, sea un buen motivo para recuperar los recuerdos de aquellas experiencias que vivimos en común y, quién sabe, si el pretexto para volver a reunirnos. Me gustaría que así ocurriera.

viernes, 27 de agosto de 2010

Mis nuevas compañeras

Quiero comenzar esta nueva entrada insistiendo en lo que ya comenté en la de mi fichaje por el Tenerife Krystal: el carácter absolutamente amateur de todas y cada una de las jugadoras que formamos parte de aquel conjunto que, por primera vez en Canarias, participó en una liga de la División de Honor femenina. Y, aunque a las generaciones de hoy les cueste creerlo, así fue, a pesar de intervenir en la competición de más alto nivel en este país. También quiero dejar constancia de que, a diferencia de lo que viví en mis primeros años en la 2ª División, nunca tuvimos que comprar nada, por nuestra cuenta, de lo que formaba parte del atuendo deportivo. La firma comercial que nos respaldaba, siempre se hizo cargo de todo lo que se necesitara.
Y, ahora, a lo que iba: mi incorporación al flamante y recién ascendido Krystal. Desde el primer día, me sentí muy a gusto y muy bien acogida por todas las jóvenes y nuevas compañeras que, desde la temporada 73-74 y hasta la última, la 75-76, habían sido, además, respetadas y respetuosas rivales. Fue muy fácil integrarme y, en ningún momento, sentí que aquella circunstancia de rivalidad deportiva interfiriera en la magnífica relación que, desde entonces y hasta hoy mismo, he mantenido con todas y cada una de ellas. Cada vez que volvemos a encontrarnos, ya sea en la calle, ya en algún acto deportivo o, simplemente, de compras, me alegro muchísimo de volver a verlas y de saber cómo les va en sus vidas. En todas las ocasiones, siempre he sentido que este sentimiento es recíproco.
A la mayor de ellas, yo le llevo seis años de edad y es costumbre, en el ámbito deportivo, distinguir con el apelativo cariñoso de “abuelo” o “abuela” al jugador más viejo o menos joven, para ser justos, de todos los que integran la plantilla. En mi caso, nunca se me dijo y lo que yo me consideré siempre, además de compañera, fue una especie de hermana mayor. De hecho, en situaciones puntuales, creo haber ejercido como tal, para algunas.
Aunque entre las imágenes que reproduzco, está el recorte periodístico que informó, en su tiempo, de todos los que compusimos aquel primer club, quiero hacer la relación de todas las protagonistas y de acuerdo con la foto en la que aparecemos. En la fila superior y de izquierda a derecha están Mercy Marrero (junior), Mª Luisa Cólogan, Conchy Marrero, Mariajo Paniagua, Marichu Hernández y Catere Falcón; en la fila inferior y en el mismo sentido, Marga Máiquez, Bea Ravina, Merce González, Elena Ramos (junior) y, a mi izquierda, Mele Montes de Oca.
En mis nuevas compañeras reviví mis primeros años con el Mª Auxiliadora, porque, al igual que nosotras, eran estudiantes en su gran mayoría y, como hecho curioso, muchas de ellas, de la carrera de Farmacia. Catere, Marga, Mele y la junior, Pame Pintor, son, desde hace unos cuantos años, estupendas profesionales de esta especialidad. Bea estudiaba Medicina y hoy la ejerce como médico de empresa, en el ayuntamiento de esta capital. Mª Luisa y Conchy le daban a los idiomas y, en la actualidad, son eficaces Relaciones Públicas de la compañía y organismo, respectivamente, para los que trabajan. Marichu hacía Enfermería y, desde hace tiempo, desarrolla su vocación en una entidad sanitaria privada. Merce, en Mayo del 78, dejó el baloncesto para casarse y hace años que se trasladó a Zaragoza, donde vive con su familia. Cada vez que puede, se viene a su tierra de siempre. Coincidí con ella después de unas Navidades y me encantó verla tan vital como siempre y deseando estar más tiempo por aquí. Mª José, (Mariajo o Pepa, para nosotras), también anduvo fuera de nuestras islas por unos años y, desde hace unos cuantos, volvió y hoy la cuento entre mis colegas, porque es profesora de Religión en un Instituto de Enseñanza Secundaria de esta isla. Mención especial merece otra de las juniors, Mercedes Marrero, (Mercy para nosotras), y hermana de Conchy. Su vocación era el mar y, por ello, se matriculó en la Escuela de Náutica. Eso la convirtió en la primera mujer, en España, que lo hacía y, eso, también la llevó a ser la brillante primera capitana de navío de la Marina Mercante de este país. Hoy, después de unos cuantos años al mando de barcos que navegaban por esos mares de Dios, es, parangonando al gran poeta gaditano Rafael Alberti, “marina (que no marinera), en tierra” y toda su experiencia y sabiduría las aplica a su responsabilidad dentro de la Capitanía Marítima, dependiente de la Dirección General de la Marina Mercante.
Una vez releído este post, reparo en que lo he convertido en una segunda edición de la entrada que, bajo el título de “Crónica casi rosa”, dediqué a mis antiguas y primeras compañeras en esto del amor al baloncesto. Lo que más siento de esta vez, es que sólo dispongo de una única fotografía que ilustre las vidas, fuera del deporte, de estas nuevas: la de un momento del enlace de Mercedes y Jaime y al que invitaron a todo el equipo. Se celebró en los jardines del Hotel Parque San Antonio, del Puerto de la Cruz, y lo pasamos de maravilla. En la imagen, estamos Marga Máiquez y yo, en la iglesia del Sagrado Corazón. Allí se celebró la ceremonia, y, como es lógico, aparecemos con vestidos adecuados al feliz acontecimiento y con un aspecto muy alejado del que lucíamos durante la faena deportiva.
Intenté disponer de alguna imagen más, localizando a alguna de estas antiguas compañeras, pero, en Agosto, ya se sabe: vano intento. No encontré a ninguna. Otra vez será…

jueves, 19 de agosto de 2010

Hoy, hace un año

Hoy, 19 de Agosto de 2010, a las 23’57 h., hará exactamente un año que puse en marcha este blog. Me cuesta creer que hayan pasado 365 días y que, con ésta, sean 40 las entradas que he publicado. Sobre todo, porque tengo la impresión de que ese tiempo ha sido mucho más corto y, por lo tanto, me parece imposible que haya podido escribir esa cantidad de entradas. Nunca pensé que unas memorias deportivas, aunque sean de casi veinte años, pudieran ocupar todo ese espacio, lo cual quiere decir que me he dejado muy poco en el tintero de los recuerdos. Y aún quedan por rescatar dos intensas temporadas más…
Desde hace bastantes años, me rondaban el corazón y la cabeza, la idea y la ilusión de poder contar, algún día y en algún lugar, todo aquello de lo que fui testigo directo y, en ocasiones, protagonista, durante tanto tiempo de dedicación, casi profesional, a uno de los deportes de mis amores. Sentía la necesidad de compartirlo con aquellos que, en su momento, formaron parte de esas historias y también de quienes pudieron acompañarnos en los buenos y en los malos tragos, en las victorias y en las derrotas. En definitiva, con aquellos fieles seguidores que nunca nos abandonaron. Igualmente, creía que era de justicia dar a conocer a las jóvenes generaciones que hoy puedan interesarse por los orígenes de una parte del baloncesto femenino que se practicó por estos rincones isleños, la vida y obras de un grupo de personas pionero, en muchos aspectos, de ese deporte. Sabía que para llevar a cabo aquella idea era necesario disponer de dos factores esenciales: el tiempo para hacerlo y el medio para contarlo. El primero de ellos llegó con mi retirada de la actividad laboral. Después de más de cuarenta años dedicados a una exigente profesión como es la de la Enseñanza, no dispuse nunca de las horas requeridas para sacar adelante esta ilusión. Hoy, liberada de la preparación de material para las clases, de numerosas y, a veces, interminables correcciones, de elaboración de informes, de asistencias a reuniones y cursos de formación fuera del horario puramente escolar… he podido investigar y recopilar, no con todo el tiempo que quisiera, pero sí con algún sosiego, lo que les he podido contar y mostrar, a través de los 40 post escritos y de las 104 imágenes que los complementan.
El segundo factor, el del medio para publicarlo, lo resolví con el mejor posible: esta gran Red de comunicación universal. Potente, rápida y abierta a todo aquel que quiera acceder a ella. Sin duda, tenía que ser, éste, el vehículo de transmisión de todo lo que podía relatarles, si quería compartirlo de manera inmediata y con el mayor número de participantes posible.
No sé si estas historias las siguen muchos lectores y si tienen algún interés para determinadas personas, pero, mediado Abril, con gran sorpresa por mi parte, el especialista en baloncesto del periódico El Día, D. Agustín Arias, añadió un comentario a mi entrada de entonces en el que decía haber recomendado, en el citado diario, este blog. No sólo tuvo este detalle sino que, en varias ocasiones, ha reproducido algunas de mis entradas y eso ha hecho que, a través de los comentarios incorporados a esos posts, haya comprobado que sí, que estos relatos se leen.
Esos comentarios, unidos a los que he recibido aquí, me han descubierto que para antiguas compañeras y para amigos amantes del baloncesto, este blog les ayuda a revivir momentos, a veces, olvidados. Esos pronunciamientos los agradecí, en cuanto pude, y vuelvo a hacerlo ahora. Son reconfortantes y me alegra mucho recibirlos. De igual modo, quiero agradecerle encarecidamente, al Sr. Arias, la parte de “culpabilidad” que tiene, en esto de difundir lo que yo, de una forma sencilla y modesta, pretendo.
Dicen que quien abre un blog en este gran escaparate que es Internet, suele encubrir un cierto exhibicionismo y una personalidad algo narcisista. Yo discrepo de esa aseveración, cuando la autoría se hace bajo un pseudónimo, como ha sido en mi caso, hasta el 28 de Julio pasado, y lo es en otros muchos blogueros. Quizá, y muy a mi pesar, a partir de esa fecha, sí me haya convertido en una exhibicionista más. Por imperativos del relato, me vi obligada a desvelar una identidad que, hasta entonces, había procurado mantener en el anonimato. Por ejemplo, podía haberles explicado que, a partir de esa fecha, le pasaba los trastos de faena a mi compañera, Charo Borges, para que ella continuara las experiencias y los datos de sus temporadas con el Tenerife Krystal. No duden de que la idea me tentó unos segundos, pero el estilo en la redacción iba a ser muy difícil cambiarlo. Seguro que más de uno de los que están siguiendo estas narraciones, se iban a dar cuenta del engaño, lo cual no me parecía lo más apropiado en nombre del respeto que les debo.
También reitero mi agradecimiento a todas aquellas compañeras con las que pude contrastar algunos detalles de esos relatos y anticipo mis gracias a las que, en esta etapa final dedicada al Tenerife Krystal, me auxilien en lo mismo. Sin su ayuda, probablemente, las historias estarían más sujetas a datos estadísticos que las harían más frías, menos humanas.
Desde este rincón, lleno de viejos y amarillentos recortes de prensa, un montón de cálidas fotografías en blanco y negro, otras pocas en color y muchos, muchos y vivos recuerdos, vuelvo a agradecer a todos, la amabilidad que han mostrado, durante todo un año, acercándose a él, de vez en cuando, para saber cómo continuaba el siguiente capítulo de este serial “internético” que comenzó, allá por Agosto de 2009.
A todos, de nuevo, un millón de gracias.

domingo, 8 de agosto de 2010

La Primera me sedujo

En cuanto decidí mi retirada deportiva, en el mes de Abril de 1976 y según acabó la temporada para nosotros, comencé a organizar mi vida sin baloncesto. Lo primero, fue completar lo que hacía en cada temporada precedente, desde 1971: el curso escolar, allí donde estuviera dando clase. Este año fue en el Colegio Hispano Inglés, donde permanecí desde el 74 hasta el 79. Después, las merecidas vacaciones y, cuando el curso volviera a rodar, compaginar mi trabajo con la preparación de unas oposiciones para acceder a la enseñanza pública. Pero, como digo en la entrada anterior, se cruzó en mi camino algo que nunca hubiera esperado: la propuesta de formar parte del Asunción Krystal, flamante recién ascendido a la 1ª División femenina y que, a partir de entonces, pasó a llamarse Tenerife Krystal. Voy a contarles lo que ha quedado en mi memoria de cómo ocurrió.
Seguí por la prensa los pasos triunfantes que el Krystal estaba dando en Cuenca, lugar de concentración de todos los campeones de zona, de la 2ª División, para celebrar la Fase de Ascenso. También los de su regreso a la isla y todo el merecido reconocimiento que se hizo a su fantástico logro. Fue un hecho deportivo histórico que consiguiera, por primera vez, el tan buscado ascenso por alguno de los equipos femeninos de esa época. Justo a los diez años de habérsele negado al campeonísimo Mª Auxiliadora de los años 60, con trampas y ardides poco limpios y legales.
Avanzado el mes de Junio, algunas personas relacionadas con este deporte, “encantadas” con trasladarme la primicia, me dijeron que este equipo estaba interesado en que yo jugara con ellos. En ningún caso, di por buenos aquellos chismes y rumores. Ya se sabía lo de mi retirada y pensé que no tenía mucho sentido que nadie fuera a interesarse por mi continuidad.
Pero, con gran sorpresa por mi parte, a los pocos días, me llamó a casa Antonia Gimeno, entrenadora del Krystal y antigua compañera de equipo en el OM de la temporada 72-73, para hablar conmigo. Me pidió hacerlo durante un almuerzo, en la antigua Caseta de Madera. Para información de los más jóvenes, decirles que esta especie de casa de comidas, típica de barrios marineros, era exactamente lo que su nombre indica. Estaba situada en la zona de Los Llanos, hacia el Sur de la capital, próxima a la orilla del mar. Desapareció con el Plan General de Ordenación Urbana de los años 80, que reestructuró todo aquel gran espacio. Si no me equivoco, estaba emplazada muy cerca de lo que hoy ocupan las instalaciones del Parque Marítimo. Estuvo de moda durante muchos años, a pesar de lo destartalado de su construcción, por el buen pescado que servía. Hoy se la tildaría de chiringuito o de guachinche, como nos gusta decir por estas islas.
Una vez allí, Antonia me dijo que conocía mi intención de retirarme, pero que había hablado con Jeromo sobre las probabilidades que habría de que yo me lo pensase. Tenía especial interés en contar conmigo para formar parte del conjunto que quería que afrontara la primera temporada en la División de Honor. En absoluto, quería considerarme como un refuerzo, sólo como una jugadora más, cuya larga experiencia en el baloncesto, iba a ser un buen ingrediente para lo que ella pretendía. También estaba buscando una jugadora muy alta, en torno al 1’90 m., que además tuviera el nivel de juego necesario para la categoría a la que se había accedido. Pero, por estas latitudes y en aquellas fechas, no era fácil conseguirlo. Las posibilidades económicas de los clubs de entonces, no permitían fichar jugadoras peninsulares a las que había que facilitar un domicilio y una manutención que, con jugadoras locales, no era necesario hacer porque vivíamos aquí y seguíamos siendo puras amateurs, aún en la máxima división. Me limité a escucharla y le pedí que me diera unos días para pensármelo.
En ello quedamos y lo que hice, a continuación, fue ver a Jerónimo y a Ángeles y cambiar impresiones con los dos. No en balde, había jugado muchos años con ellos, me conocían muy bien y los consideraba unos excelentes amigos y expertos. Sus opiniones eran de gran valor para mí. La charla me ayudó mucho a aclarar mis dudas, aunque, tengo que reconocer que, desde el momento en que Antonia me lo planteó, la idea me sedujo en gran medida. Sobre todo, porque siempre me atrajo la curiosidad de saber lo que era jugar en la categoría más alta de este deporte y en una competición que cubría, prácticamente, todo el territorio nacional. Sopesé el esfuerzo y la dedicación que iba a exigirme y si el calendario previsto era compatible con mi trabajo en el Hispano Inglés. La conclusión, después de valorar todos aquellos datos y argumentos, no se hizo esperar. Aparqué, de momento, mi intención de convertirme en opositora y volví a ver a Antonia para decirle que aceptaba integrarme en el proyecto que ella quería diseñar, para la primera temporada de su equipo en la máxima división femenina.
En la próxima entrada, recuperaré esos pasos iniciales de lo que iba a ser el comienzo del final de mis muchos años en el deporte activo. Como complemento gráfico de ésta, sirvan los titulares escaneados de la noticia publicada en los periódicos de entonces, sobre mi fichaje por el Krystal. Las fotografías del equipo las reservo para los relatos siguientes.